En el marco del Día Mundial del Atún, el debate sobre el consumo de pescado en Argentina vuelve al centro de la escena. Con más de 5.000 kilómetros de costa, los argentinos apenas consumen entre 5 y 7 kilos anuales, frente a los 50 kilos de carne vacuna.
20 gramos de proteína aporta cada 100 gramos de atún en conserva, igual que la carne o el pollo.
Variedad Barrilete: Es la especie más utilizada en latas por su bajo nivel de mercurio y corta vida.
Proteína magra: El proceso de enlatado elimina casi toda la grasa, reduciendo el aporte de Omega-3.
Ante los altos costos y la poca disponibilidad de pescaderías en los barrios, el atún enlatado surge como una alternativa práctica y accesible. Sin embargo, nutricionistas advierten sobre la necesidad de conocer qué estamos comprando para aprovechar sus beneficios reales.
¿Proteína o grasas saludables?
El atún en conserva es, ante todo, una fuente de proteína de alta calidad. Aporta valores similares a los de la carne roja o el cerdo, siendo fundamental para mantener la masa muscular y el buen funcionamiento del sistema inmune.
No obstante, especialistas sugieren desmitificar el aporte de Omega-3 en las latas comunes. Al utilizarse variedades magras para el procesamiento, el contenido de grasas saludables es mínimo frente al pescado fresco o a otras conservas como la caballa y la sardina.
Si el objetivo es incorporar ácidos grasos esenciales de forma práctica, es preferible alternar con caballa o sardinas. Estos pescados “azules” conservan mejor sus propiedades lipídicas en el proceso de enlatado y ofrecen un efecto antiinflamatorio más potente.
El riesgo del mercurio y la biomagnificación
La preocupación por los metales pesados se relaciona directamente con el tamaño y la longevidad del pez. Los grandes depredadores, como el tiburón o el atún rojo, acumulan mercurio por biomagnificación al alimentarse de otras especies más pequeñas durante años.
Por el contrario, el atún de lata suele ser de la especie barrilete (skipjack). Al ser un pez pequeño y de vida corta, no llega a acumular grandes cantidades de metales, lo que lo convierte en una opción segura para el consumo semanal.
Investigaciones del CONICET confirman que los niveles de mercurio en las latas comercializadas en Argentina están debajo de los límites permitidos. Aun así, se recomienda moderación en niños y mujeres embarazadas, quienes son más sensibles a la exposición de metales.
¿Al agua o al aceite? Claves para una compra saludable
La recomendación mayoritaria es priorizar el atún “al natural” para controlar el valor calórico del plato. Las versiones en aceite pueden duplicar el aporte energético, por lo que es mejor añadir aceite de oliva de calidad directamente en la mesa.
Sobre el contenido de sodio, los especialistas sugieren enjuagar el atún bajo el chorro de agua antes de servirlo. Una lata promedio contiene cerca de 220 mg de sodio, una cifra que no representa un riesgo si no se agrega sal extra al resto de la preparación.
Finalmente, es vital verificar que el envase tenga los registros oficiales y que la lata no presente abolladuras. Estos detalles garantizan que la película interna de protección esté intacta, preservando la calidad del alimento y la salud del consumidor.