En una era donde el narcocrimen ha dejado de ser una amenaza latente para convertirse en una realidad que asfixia nuestras ciudades y se filtra en las grietas del fútbol, el periodismo enfrenta su examen más severo: ser el último dique de contención contra la corrupción o ser el eco de una complicidad burlona. En este escenario, la figura de Juan Pablo Varsky queda bajo una lupa incómoda; ya no por sus análisis tácticos, sino por una deuda ética que el paso del tiempo solo ha logrado agravar.
Al haber ridiculizado —desde una postura “canchera” y despectiva— la valiente advertencia que Julio Ricardo lanzó en 1999 sobre la “colombianización” de nuestro deporte, Varsky no solo le falló a un colega que tuvo la visión de lo que nadie quería ver. Le falló al periodismo en su conjunto, al degradar la denuncia profesional al rango de chiste radial, y a una sociedad que hoy padece aquellas sombras que “la palabra justa” intentó iluminar. Pedir perdón no es, en este caso, un acto de debilidad, sino la única vía para que Varsky rescate su credibilidad del fango de la soberbia y rinda, finalmente, el homenaje que la dignidad de la profesión periodística exige, pero sobre todo, a la memoria de López Bautista, a un mes de su fallecimiento.
La historia
El narcotráfico en el fútbol no es una novedad. Históricamente en países como México, Colombia (y más acá en el tiempo, Paraguay) narcos y presidentes de clubes se han vinculado entre sombras enlazados por la corrupción y el delito. Cuando a este cocktail se le agregan policías abusivos, jueces ensobrados, políticos delictivos y periodistas hipócritas, el trago se pone muy peligroso.
Que en Argentina el narcotráfico ha crecido tampoco es novedoso. Rosario, Mar del Plata, Iguazú y diversas ciudades limítrofes o portuarias han visto acrecentar el poder narco en las últimas décadas. El periodismo como parte fundamental del saludable desarrollo de la sociedad civil, tiene la posibilidad exclusiva de representar una fuerza contraria a las mafias público-privadas.
Uno de los pocos periodistas que a fines de los 90’s denunció los vínculos narco con el mundo del fútbol, fue el siempre adelantado Julio Ricardo López Bautista. El periodista y comentarista deportivo, usaba su voz con profundidad y finura al punto tal que fue reconocido con el mote de “la palabra justa”.