La salud oral representa un componente integral del bienestar general que supera la búsqueda de una sonrisa armónica. Pese a que más de 3.500 millones de personas sufren afecciones bucodentales en el mundo, la prevención sigue siendo una tarea pendiente.
En el continente europeo, por ejemplo, únicamente uno de cada cuatro ciudadanos acude a la consulta odontológica de forma preventiva, mientras que el resto lo hace solo cuando experimenta dolor o un problema avanzado. Esta falta de prevención invisibiliza que la posición de los dientes influye directamente en funciones vitales del organismo.
El impacto digestivo y articular
La masticación constituye el inicio real del proceso digestivo. Cuando existe una maloclusión o mordida desequilibrada, la trituración de los alimentos resulta deficiente, lo que obliga al estómago y al resto del aparato digestivo a realizar un esfuerzo mecánico adicional para absorber los nutrientes.
El ortodoncista y cofundador de Impress, Khaled Kasem, explicó recientemente en un encuentro con la prensa que una oclusión correcta distribuye las fuerzas de forma equitativa.
Paralelamente, una mordida desajustada repercute de forma directa en la articulación temporomandibular, la estructura que conecta la mandíbula con el cráneo. El esfuerzo muscular constante por adaptar la mordida suele desencadenar tensiones que derivan en cefaleas tensionales, dolores cervicales y chasquidos articulares crónicos.
Al alinear las arcadas dentales, las cargas se distribuyen de manera uniforme, lo que alivia la sobrecarga de los tejidos musculares y óseos de la cabeza y el cuello.