Colapso en el transporte metropolitano: interrupción total de la Línea C de subte

La Línea C del subte amaneció paralizada por un paro gremial que reclama el retiro de formaciones con asbesto. La medida tomó por sorpresa a miles de usuarios, generando caos y extensas filas en las paradas de colectivos de Constitución.

Estación Plaza Constitución

El comienzo de la jornada laboral en el área metropolitana se vio severamente alterado por una sorpresiva huelga que mantiene inoperante el trazado ferroviario subterráneo que conecta los centros de transferencia de Retiro y Constitución. La parálisis del servicio, resuelta de manera imprevista al concluir el fin de semana por los representantes sindicales, tomó por sorpresa a una enorme masa de usuarios que se topó con los accesos clausurados al intentar abordar las formaciones en las primeras horas de la mañana. Esta situación forzó un voluminoso desplazamiento de peatones hacia las dársenas externas de colectivos, provocando aglomeraciones que superan las dos cuadras de distancia y obligando a los pasajeros a afrontar costos adicionales y demoras que impactan directamente en sus presentismos laborales.

El detonante del conflicto radica en las denuncias de los operarios respecto a la continuidad de componentes con material cancerígeno en el material rodante y las estructuras de los túneles, un reclamo histórico que sostiene la Asociación de Gremialistas frente a las autoridades de la Ciudad y la firma licenciataria. Desde las conducciones gremiales argumentaron que las instancias jerárquicas incumplieron los actas acuerdo pactados previamente, las cuales estipulaban el retiro definitivo de circulación de los coches de origen japonés para la fecha actual debido a las sospechas de contaminación por amianto. El sector de los trabajadores fundamentó la drástica suspensión de tareas en la defensa de las condiciones sanitarias básicas tanto de los planteles técnicos como del público general que frecuenta los andenes diariamente.

Por su parte, la firma concesionaria del servicio de transporte, Emova, difundió un descargo formal donde lamentó el uso de metodologías de protesta directas que toman como rehenes a las miles de personas que dependen de la red de transporte público para sus tareas cotidianas. La gerencia empresarial argumentó que desde hace más de un lustro se encuentra en marcha un programa de saneamiento ambiental supervisado por los organismos de control laboral y los entes de protección del medio ambiente de la jurisdicción local. Los voceros de la compañía aseguraron que las unidades cuestionadas pasaron por procesos técnicos de aislamiento de partículas aprobados por las normativas vigentes, al tiempo que ratificaron la vigencia de los convenios de monitoreo científico hasta bien avanzado el próximo bimestre del año.

La falta de concordancia entre los representantes gremiales y las autoridades de control derivó en un escenario crítico para el ordenamiento vial del centro de la ciudad, afectando directamente a un caudal que supera los doscientos mil usuarios por día. Las quejas de los ciudadanos se multiplicaron en los ingresos de las terminales ferroviarias, donde la indignación por la falta de alternativas viables se combinó con el malestar económico que representa el encarecimiento de las tarifas viales alternativas en los presupuestos familiares. Mientras se mantienen las discusiones en las oficinas de la Secretaría de Trabajo, el flujo vehicular en la superficie permanece saturado por la masiva reasignación de colectivos para intentar mitigar la demanda insatisfecha.

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La medida de fuerza, convocada por los metrodelegados, paraliza el servicio entre Constitución y Retiro ante el supuesto incumplimiento de un acuerdo para retirar coches con material cancerígeno. La empresa concesionaria desestimó el reclamo, argumentando que las formaciones cumplen con los estándares de seguridad vigentes.

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