Los tesoros arqueológicos desenterrados:
Tumba militar intacta: Se halló un ataúd con restos dorados y mobiliario funerario casi completo en El Cairo.
Escultura clásica: Desenterraron una detallada cabeza de mármol de la diosa griega Afrodita.
Objetos de tocador: Un alijo con un espejo de cobre, pendientes que serían de oro y vasijas de cosmética.
Ruinas monumentales: Grandes bloques de piedra de hasta 45 toneladas que sostenían una basílica romana.
El esplendor de Ehnasiya: Afrodita y el legado de la XII Dinastía
Los restos de la basílica romana y la cabeza de mármol de Afrodita aparecieron en una antigua necrópolis de la provincia de Beni Suef, ubicada a 130 kilómetros al sur de El Cairo. La zona arqueológica de Ehnasiya, conocida en la época clásica como Heracleópolis Magna, funcionó como un relevante polo económico y comercial de Egipto bajo el dominio del Imperio Romano, entre los años 30 a. C. y 395 d. C..
El arqueólogo Mohammed Abdel-Badei detalló que la escultura de Afrodita mide unos 24 por 25 centímetros y exhibe facciones detalladas con un cabello rizado que refleja el arte clásico greco-romano. En el mismo predio se recuperaron moldes de terracota utilizados para acuñar monedas e inscripciones en piedra asociadas al trono de Senusret III (Sesostris III), uno de los faraones más destacados del Reino Medio, quien gobernó entre el 1837 a. C. y el 1819 a. C..
El hallazgo en Heliópolis: secretos de un alto mando militar
Por otra parte, en el barrio de Matariya —zona que antiguamente integraba la ciudad de Heliópolis, en El Cairo—, los especialistas reportaron el hallazgo de un conjunto funerario de adobe casi intacto. Los indicios preliminares analizados por el Consejo Supremo de Antigüedades apuntan a que la sepultura perteneció a una figura militar de alto rango, debido a los acabados y los restos dorados identificados sobre el ataúd.
En el interior de este yacimiento se identificó una notable colección de elementos estéticos y de tocador. Entre las piezas recuperadas se destaca un espejo de cobre, recipientes de alabastro diseñados para almacenar kohl (maquillaje de ojos de la época) y un conjunto de cinco pares de pendientes de metal amarillo de diversos tamaños que los expertos consideran que son de oro.