Los dos pilares: Más Malbec y la hora de los blancos de montaña
¿Qué es lo que hace único a nuestro país en el mapa mundial? La respuesta es unánime: la imponente Cordillera de los Andes. La vitivinicultura de altura, con sus climas frescos, su luminosidad extrema y la diversidad de sus suelos, permite elaborar vinos respetuosos del medio ambiente y con una calidad que, según los propios protagonistas, es la mejor de toda nuestra historia.
- Malbec con más identidad: Nuestro varietal insignia sigue siendo la gran puerta de entrada al mundo, pero el desafío actual —especialmente en mercados clave como Estados Unidos— es redescubrirlo. Ya no se habla del Malbec de forma genérica; ahora se busca mostrar la riqueza de cada terruño, contando historias específicas de cada rincón del país.
- Blancos de altura en el centro de la escena: Estos varietales están captando el foco, sus fortalezas: la frescura, la tensión y el perfil diferenciador que ganan en la montaña los convierten en el segundo gran pilar de exportación, ideales para sumarse a las nuevas tendencias de consumo que priorizan la frescura y la versatilidad gastronómica.
Sostenibilidad y diversidad como bandera
La sostenibilidad ya no es un accesorio ni un diferencial para pocos: es una condición de entrada para los mercados internacionales. El desafío de WofA será acompañar a las bodegas de todos los tamaños —facilitando herramientas y democratizando el conocimiento— para que el manejo responsable del agua y el cuidado del entorno se transformen en una ventaja competitiva real y visible.
La meta de esta gestión no solo se enfoca en triplicar la participación de las ventas externas para el 2030, implica, además, la profundización de una labor estratégica que conjugue premiumización, digitalización y sostenibilidad.
El vino argentino ya demostró su calidad; ahora, de la mano de esta nueva conducción, va por la conquista de su verdadero valor emocional en el mundo.