Sismo en Venezuela: dolor y crisis forense para reconocer a las víctimas

: A una semana de la catástrofe que sacudió al país, cientos de familias recorren morgues y hospitales en una dolorosa búsqueda. Entre el avanzado estado de descomposición de los cuerpos y la falta de infraestructura, el reconocimiento de los seres queridos se convirtió en un proceso desgarrador.

CARACAS, 30 junio, 2026 (Xinhua) -- Personas observan carteles con información sobre personas desaparecidas

El dolor por las consecuencias del doble terremoto en la República de Venezuela sumó una dimensión humana profundamente desgarradora en las últimas horas. Tras el cese paulatino de los operativos de rescate, cientos de personas colman las inmediaciones de la morgue central de Caracas con la dolorosa misión de identificar los restos de sus seres queridos.

  • Tragedia en cifras: El último reporte de las autoridades confirmó 1.943 fallecidos, aunque se estima que la cantidad real de víctimas aumentará.

  • Asistencia internacional: El coordinador residente de las Naciones Unidas, Gianluca Rampolla, gestionó el ingreso de 10.000 bolsas para cadáveres.

  • Identificación científica: Los equipos forenses recurren a la dactiloscopia y estudios odontológicos ante el avanzado estado de descomposición de los cuerpos.

Las familias damnificadas transitan un penoso laberinto burocrático que abarca hospitales de campaña, refugios informales y centros forenses improvisados en el puerto de La Guaira. El reconocimiento de las víctimas se realiza mayoritariamente a través de registros fotográficos, una tarea sumamente traumática debido al impacto del aplastamiento y el clima hostil de la zona.

La angustia del reencuentro en las salas forenses

En el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses de la capital, las autoridades dispusieron hileras de asientos y equipos de asistencia psicológica para contener a los familiares. Diversas empresas del sector funerario coordinan fondos especiales y donaciones para garantizar los servicios de entierro y cremación de forma gratuita a los sectores de menores recursos.

A pesar de la asistencia social, la devastación material dificulta los procedimientos de identificación más elementales. La vecina Elide Hernández reflejó la desesperación colectiva al relatar las dificultades para hallar a su sobrina, quien quedó atrapada junto a tres convivientes tras el desmoronamiento de un edificio del programa Misión Vivienda.

“Mi esposo estaba desconsolado porque decía que él conocía a nuestra sobrina desde que nació y ahora no podía reconocerla”, expresó Hernández entre lágrimas, advirtiendo que los profesionales de la salud ya evalúan el uso preventivo de fosas comunes debido al inminente riesgo sanitario.

Comandos familiares ante la emergencia civil

La insuficiencia de los recursos estatales motivó la creación de brigadas de rescate autogestionadas por los propios ciudadanos. En el estado de Aragua, el joven Millán Hernández organizó un comando familiar equipado con herramientas particulares, generadores eléctricos y antenas de conectividad Starlink para remover los bloques de hormigón.

El grupo familiar trabajó de forma ininterrumpida durante más de 14 horas continuas para recuperar los restos de sus dos sobrinas de 16 y 5 años, junto al padre de las menores. El joven, quien se desempeña como efectivo policial, recorrió decenas de kilómetros en motocicleta para sumarse a las tareas de excavación manual en el edificio dañado.

Por otra parte, los lazos afectivos permitieron resolver historias complejas en barrios de menores recursos como Petare. Esmeralda Gómez logró identificar los cuerpos de sus tíos mediante una pericia odontológica de urgencia, luego de que las cuadrillas lograran localizarlos bajo las piedras del edificio Obelisco en Altamira, donde realizaban tareas de mantenimiento.

El panorama en los centros urbanos costeros como Catia La Mar exhibe el estoicismo de una población civil desbordada por la magnitud del desastre natural. Mientras los médicos voluntarios sostienen la atención en condiciones extremas, los sobrevivientes continúan moviendo rocas con sus propias manos, aferrados a la necesidad de brindar una despedida digna a los suyos.

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