Tomás Fonzi: “Nunca me sentí galán”

En una charla profunda, el actor repasó sus más de 25 años de carrera, el impacto de la fama en sus inicios con Verano del ’98 y confesó: “Siento que me estoy colando en un casillero que no es mío”.

Tomás Fonzi transita un excelente presente laboral sobre la calle Corrientes. A más de 25 años de su irrupción en los medios con la exitosa tira juvenil Verano del ’98, el actor reflexiona sobre su recorrido, los vaivenes de la popularidad y el modo en que logró consolidar una carrera diversa, alejado de las etiquetas que la televisión intentó imponerle.

En una reciente entrevista concedida al ciclo Casino Deluxe, Fonzi desmitificó una de las grandes etiquetas que lo acompañó desde su juventud: “La verdad es que nunca me sentí un galán. Me enaltece que me lo digan, pero siento que me estoy colando en un casillero que no es mío”.

A pesar de esa negación, reconoció que sus inicios estuvieron marcados por su imagen: “Empecé en Verano porque era un pibito, un cachorrito lindo, medio dorado. Y abrazo eso, sin duda”.

La “locura” de las fans en el pico de la fama

Al repasar aquellos frenéticos años de juventud y máxima exposición mediática, el actor recordó una de las situaciones más insólitas que vivió con una seguidora. Según relató, la fanática viajó hasta Adrogué y preguntó en la calle dónde vivía la familia Fonzi hasta encontrar su casa.

Cuando le preguntó qué hacía allí, la respuesta lo dejó atónito: “Ella me dijo: ‘¿Cómo qué hago acá? Vos me pediste que viniera. Anoche te metiste en mis sueños y me pediste que viniera a verte a tu casa hoy. No me hagas lo mismo que me hizo Luis Miguel’”.

Esa intensidad de los primeros años contrastaba con su propio descubrimiento vocacional. A diferencia de su hermana Dolores, quien siempre supo que quería actuar, Tomás confesó: “Yo medio que pintó. Después, me empecé a formar porque me daba vergüenza estar laburando y viviendo de eso sin (estudiar)”.

Valores, religión y las prioridades de la “buena vida”

Durante la charla, Fonzi también sorprendió al hablar de su fuerte formación espiritual, la cual definió como “católica, apostólica, romana”. Aunque admite que hubo mucha culpa y que “se pone medio turbio y hay que empezar a separar la paja del trigo”, destacó los valores fundamentales que rescató de esa enseñanza.

Esa mirada profunda también se refleja en su forma de entender la actualidad. Al ser consultado sobre qué haría si tuviera un millón de dólares, no dudó en elegir una vida conectada a la naturaleza, preferentemente en el Litoral argentino. Para él, la prioridad hoy pasa por los afectos: “Yo creo que la buena vida es estar rodeado de ojos, de empatía, de gente que querés y esto (el dinero) es papel pintado”.

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