“Los adolescentes tienen que empezar a hacerse responsables y nosotros los acompañamos en ese camino”, sostuvo.
La experiencia incluso generó un debate dentro de las instituciones. Morales contó que un docente planteó en una oportunidad que el dinero fuera entregado a los adultos porque los estudiantes no sabían administrarlo. La respuesta del Ente fue consultar a los propios jóvenes.
La reacción fue inmediata: los estudiantes aseguraron que podían hacerse cargo.
Ese episodio se convirtió para la organización en una muestra de la filosofía que intenta implementar: acompañar a los adolescentes sin reemplazar su capacidad de decisión.
Carrozas cada vez más sustentables
Si existe un símbolo material de la Fiesta Nacional de los Estudiantes, ese son las carrozas. Su tamaño y complejidad las transformaron en verdaderas obras de ingeniería, pero también abrieron interrogantes sobre el uso de materiales y energía.
La gestión busca modificar progresivamente ese aspecto.
Morales explicó que constructores y proveedores comenzaron a reemplazar materiales tradicionales por alternativas más sustentables. Las estructuras que durante décadas se realizaron con hierro y alambre incorporan paulatinamente sistemas como steel framing y durlock.
El objetivo declarado es alcanzar una celebración completamente sustentable.
La transición no se limita a los materiales. También alcanza la manera en que se trasladan y funcionan las carrozas. “Todo está pensado a llegar a la sostenibilidad 100%”, sostiene Morales.
El desafío, en cualquier caso, es enorme. Los estudiantes que participan llegan desde distintos puntos de la provincia, incluso desde localidades alejadas, y deben afrontar una logística compleja para trasladar estructuras, chasis y piezas que luego son ensambladas en los playones destinados a la construcción.
Por eso el Ente decidió extender una semana la licencia para estudiantes y docentes que participan del armado. La medida busca reconocer el tiempo y el esfuerzo que demanda una tradición que involucra a establecimientos educativos de toda la provincia.
Una fábrica de talento estudiantil
La dimensión de las carrozas también explica por qué la Fiesta Nacional de los Estudiantes dejó de ser hace tiempo un fenómeno exclusivamente local.
Las estructuras ganadoras fueron exhibidas en distintos escenarios del país e incluso llegaron al exterior. Algunos grupos fueron invitados a mostrar sus trabajos en China y Francia, mientras otras carrozas participaron de actividades en Tecnópolis o desfilaron por la avenida de Mayo en Buenos Aires.
En esa experiencia, la fiesta funciona también como una plataforma de formación.
Los estudiantes aprenden a trabajar en equipo, planificar, construir, resolver problemas técnicos y administrar tiempos y recursos. Una actividad que comenzó como una tradición escolar termina convirtiéndose en una experiencia que combina arte, tecnología, producción y organización colectiva.
La intención oficial es potenciar esa dimensión y mostrar que detrás de la espectacularidad existe también una enorme cantidad de conocimiento producido por adolescentes.
La música como parte de la identidad
La programación artística sigue siendo otro de los grandes atractivos de la celebración. Durante los últimos años pasaron por Jujuy artistas como Miranda!, Airbag, Sebastián Yatra, Tini Stoessel y Los Auténticos Decadentes, entre otros.
Para esta edición, el cartel incluye a Tan Biónica, Trueno y Hollywood Bangaloos como crédito local.
Pero la selección busca seguir una lógica participativa. Según Morales, los artistas se definen teniendo en cuenta las preferencias expresadas por los propios jóvenes.
El mecanismo apunta a evitar que la programación sea diseñada exclusivamente desde una oficina. Los estudiantes también participan de la definición de aquello que quieren escuchar y compartir durante la fiesta.
Entre la memoria y el futuro
La historia del Vejigazo permite entender que el protagonismo juvenil no es una novedad. Los estudiantes de aquellas primeras décadas también querían intervenir sobre su tiempo, aunque lo hicieran mediante sátiras contra dirigentes políticos y autoridades.
El contexto cambió. También cambiaron los lenguajes, las tecnologías y los problemas que atraviesan a los adolescentes.
Pero permanece una idea: la celebración funciona mejor cuando los jóvenes son protagonistas y no solamente destinatarios de una programación diseñada por adultos.
Hoy esa participación se expresa en las carrozas, en las votaciones de artistas, en las capacitaciones financieras, en las campañas de prevención y en la búsqueda de nuevos materiales para construir una fiesta sustentable.
El desafío de la gestión es sostener esa amplitud sin perder el carácter festivo que convirtió a la celebración en una referencia nacional.
A 75 años de aquella fiesta que terminó consolidándose como la principal celebración estudiantil del país, Jujuy enfrenta una nueva etapa. La apuesta parece ser que la tradición no quede encerrada en la nostalgia por el Vejigazo ni en el gigantismo de las carrozas.
La idea es que la Fiesta Nacional de los Estudiantes siga siendo, antes que nada, un espacio donde los jóvenes puedan crear, discutir, decidir y expresarse.
En una provincia donde la celebración forma parte de la identidad colectiva, ese parece ser el verdadero desafío para los próximos años: hacer que una fiesta que nació hace más de un siglo siga teniendo algo para decirle a cada nueva generación.