Una escuela de villa Soldati es finalista entre 1.700 colegios del mundo

Todo empezó con un fogón prohibido en las sierras de Córdoba. Cuatro alumnos del Instituto Técnico Nuestra Señora de Fátima crearon FireNova, un sistema de alerta temprana de incendios con sensores e inteligencia artificial, y en enero competirán en Abu Dabi por el Premio Zayed y USD 150.000.

A la entrada de Fátima, todos los días, alguien saluda a alguien. Es un gesto mínimo, casi invisible, pero su rector, Pablo Leybovich, lo pone en el centro de todo: “Todos los chicos que salen de Fátima, más allá de que hayan ganado concursos o no, se llevan lo que es Fátima: una comunidad donde nos acompañamos, donde estamos, donde nos saludamos todos los días a la entrada”.

Esta vez, además del saludo, se llevan otra cosa. Hace una semana, la escuela supo que FireNova quedó entre los tres finalistas de la región Américas en la categoría escuelas secundarias del Premio Zayed a la Sustentabilidad, creado en 2008 en Emiratos Árabes Unidos. En esa categoría se presentaron 1.710 proyectos de todo el mundo. Fátima compite con una escuela de Canadá y una etnoeducativa indígena de Colombia. “No sé si tengo las palabras para decirlo”, admite Pablo. “No terminamos de entenderlo ni de creérnoslo. Estamos como en el aire“.

Un “pueblo” de 3.000 habitantes en Villa Soldati

El Instituto Fátima nació en 1958 o 1959 con dos aulitas de jardín de infantes, de la mano del Padre Leoncio, de los Misioneros del Sagrado Corazón de María. En 2028 cumplirá 70 años. “Somos un polo educativo de Villa Soldati“, explica el rector. Hoy tiene nivel inicial, primarias, secundarias diurna y vespertina y un terciario. Suman cerca de 2.800 alumnos y unos 300 docentes. “Armamos un pueblo de 3.000 habitantes. Somos un mundo”, resume.

La secundaria técnica diurna ofrece Electromecánica, Gestión y Administración de Organizaciones y Computación, además de un bachiller en Sociales y Humanidades. Es una institución pública de gestión privada. La Ciudad paga el 100% de los sueldos docentes, y una cuota “bastante accesible” cubre servicios, maestranza y materiales.

“No son menos que nadie”

“Uno no trabaja para competir, trabaja por los chicos“, dice Pablo. Hace tres años, la escuela empezó a salir a ferias y concursos. No buscaban medallas. “Era para mostrarles a los chicos que no eran menos que nadie, que podían hacer muchísimas más cosas”, cuenta. “Estamos en una zona bastante golpeada, muy vulnerable. Parte de nuestro trabajo es aumentar su autoestima“.

Sebastián Muñoz, uno de los profesores a cargo de FireNova, lo dice con otras palabras: “Muchos de nuestros chicos muchas veces no saben de lo que son capaces“. Para él, lo que está pasando tiene una explicación: “No es casualidad. Hace rato que venimos buscando esto en los chicos, ver de qué son capaces, y más en el contexto en donde están ellos, que es Villa Soldati“.

Un fogón prohibido en el Valle de Punilla

Todos los años, “con mucho esfuerzo”, la escuela viaja a la colonia marianista de Casa Grande, en el Valle de Punilla. En uno de esos viajes, Sebastián quiso hacer un fogón con los chicos. “El casero enseguida me dijo que no. Me explicó que en esa zona directamente está prohibido por riesgo de incendio“, recuerda. “Entonces nos preguntamos por qué. Habiendo tanta tecnología, ¿cómo es que no tienen algo que los ayude ante estas situaciones?”.

A la vuelta, el humo de los humedales del AMBA cubrió la Ciudad. “Uno averigua: ‘che, ¿por qué humo, qué pasó?’, y se entera de los incendios en los humedales“, cuenta el docente. “En realidad no estaba tan lejano, aunque no sabíamos bien por qué era”.

La idea fue de los alumnos. “Hablaron con los profes: ‘Profe, ¿te parece si presentamos un sistema para prevención de incendios?‘”. Fueron una alumna y tres alumnos de quinto año. “Nosotros acompañamos, orientamos, dimos marco para que lo puedan hacer, pero el mérito es totalmente de los chicos“, insiste Sebastián.

La regla de los 30 y una cámara que reconoce el humo

FireNova es un dispositivo con sensores de temperatura y humedad del aire, humedad del suelo y gases de combustión. Si detecta fuego, lanza la alerta de inmediato. Pero su fuerte es anticiparse, y para eso usa la llamada regla de los 30: más de 30 grados, humedad por debajo del 30% y viento de más de 30 km/h. “No es una alarma que dice ‘fuego'”, aclara Sebastián, “sino un aviso de que en esa zona se cumplen estas condiciones y hay que tener muchísimo cuidado”.

Al principio, los chicos medían el viento con un sensor propio. Pero las piezas mecánicas complicaban “un dispositivo que tiene como principio ser de bajo costo“, así que pasaron a usar los datos del Servicio Meteorológico Nacional. Las alertas llegan a una plataforma web y se muestran en un mapa.

Este año, el sistema suma inteligencia artificial: una cámara con un modelo de visión artificial liviano que reconoce el humo. “Es algo que un umbral de temperatura y humedad no puede hacer“, explica el docente. “No entrenamos un modelo propio. Lo ajustamos para que funcione dentro del dispositivo sin depender de internet“.

Pensaron también en los lugares donde empiezan los incendios, que suelen estar lejos de todo. Cada equipo funciona con panel solar y baterías. La versión 2026 se comunica por LoRa, una tecnología que alcanza “varios kilómetros hasta un receptor central”. Hoy la prueban en el laboratorio. El año pasado, una réplica funcional viajó a Córdoba, “midió en tiempo real y transmitió datos a nuestro servidor propio en el colegio, en Buenos Aires”.

Sebastián no exagera lo logrado. “Es un prototipo educativo, no un producto final“, reconoce. Todavía no hay mediciones sostenidas de falsas alarmas, y los sensores son menos precisos que los profesionales. “Ese es el desafío: ver cuánto podemos lograr con componentes accesibles“.

no tenian espectativas y sin embargo lo lograron con
trabajo en equipo

La convocatoria a Zayed llegó por un canal de la Secretaría de Educación. Sebastián inscribió al equipo. “Los chicos me dijeron ‘bueno, bueno, profe, gracias‘, pero no tenían muchas expectativas”, cuenta, y se ríe. “Y de golpe nos encontramos con que somos finalistas“.

Lo presentaron como ya sabían hacerlo, después de tres años de ferias: “Contar el problema, el proceso, qué aprendieron“. Ese recorrido, explica, ayuda mucho “en la redacción, en la oralidad y en cómo vamos a expresar nuestro proyecto”.

Sobre sus rivales es generoso: “Compartir con ellos es un honor“. Lo que distingue a FireNova, dice, es que se construye en la escuela, con componentes baratos y carcasas hechas con impresión 3D, “con la idea de que otras escuelas puedan replicarlo“. El código y los planos serán abiertos. “Nuestra intención es completamente solidaria“.

Placas, cuotas y docentes que ponen de su bolsillo

Los materiales salen de varios lugares: el INET (Instituto Nacional de Educación Tecnológica), que manda fondos “cada vez un poquito menos”, la Fundación Misión Marianista y la cuota. A veces también de los profes. “No te voy a mentir, hay algún profe que aporta alguna cosa. No es lo que queremos, pero hay profes muy entusiastas”, reconoce Pablo.

El rector es ingeniero y prefiere hablar con números: “Objetivamente, los recursos que Nación destina a la educación técnica cada vez son menos, punto”. Lo que pide es previsibilidad para poder planificar “y no estar esperando a que una buena voluntad haga que las cosas se puedan ejecutar en las escuelas”.

Sebastián no ve a FireNova como un reemplazo de quienes combaten el fuego. “Los brigadistas y los organismos hacen un trabajo enorme, a veces en condiciones complicadas”, dice. Lo que buscan es “una alternativa de bajo costo que acompañe y facilite su trabajo”. Y agrega: “Que una escuela técnica pueda contribuir con desarrollo propio muestra el valor de la educación técnica. Eso lo quiero remarcar fuertemente”.

lo que se viene

Por ser finalista, la escuela ya tiene asegurados USD 25.000, que van íntegramente al proyecto. Con ese dinero, el plan es fabricar los primeros 10 dispositivos, instalar un receptor central, probarlos en campo, pasar el sistema a la nube y “dar talleres de prevención de incendios en el barrio“. Si ganan los USD 150.000, el plan a tres años apunta a escalar: primero Córdoba, “lo que prometimos con Zayed”, y después el sur y otras zonas en riesgo. Hasta ahora, el equipo trabajó con el licenciado Sarquis, especialista en Protección Civil y Emergencias, pero todavía no habló con organismos ni empresas.

Los cuatro creadores de FireNova terminan la secundaria este año, y la escuela buscará otro grupo que continúe el proyecto. “Conociendo a los chicos, no van a querer desprenderse, porque son como los dueños“, dice Pablo.

El ganador se conocerá el 12 de enero de 2027. Mientras tanto, en Soldati ya se festeja. “La gente viene, te abraza, te felicita“, cuenta Sebastián. “Es impresionante lo que los chicos pueden lograr“. Pablo prefiere mirar más allá del premio: “Sobre todas las cosas, queremos que sean buenas personas. Eso se lo llevan, y eso es más allá de un concurso“.

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