En LinkUp, la sección “explorar” tiene un contador: 1 de 25. Cuando se terminan los 25, la app avisa que ya viste todos los perfiles, y un rato después aparecen otros. Menos catálogo, más personas.
La app es gratuita y va a seguir siéndolo: Tomás no piensa cobrar suscripciones. La idea es sostenerla con publicidad que aparezca cada tantos perfiles, de marcas del rubro: ortopedias, sillas de ruedas, bastones canadienses y también fundaciones.
Hecha a fuerza de prompts
El camino no fue en línea recta. Al principio, sin saber cómo se hacía una app, armó un equipo con gente de diseño y programación. Después vino la etapa de investigación, con encuestas que respondieron las 200 personas con discapacidad de un grupo que él coordina. Más tarde decidió seguir solo, con Lovable, una plataforma de inteligencia artificial que arma aplicaciones a partir de instrucciones escritas. “Vos prompteás y listo”, dice. ¿Hace falta saber algo especial? “No, puede hacerlo cualquiera”.
El empujón llegó con Jóvenes Líderes, una fundación que impulsa a emprendedores de Iberoamérica y España. Publicaron su historia en Instagram, lo sumaron como colaborador y las descargas se dispararon. Después vinieron las notas en los medios.
Si bien en las tiendas hay varias que se llaman LinkUp, algunas no tienen nada que ver con citas. La de Tomás se reconoce por el logo: dos personas que forman un corazón sobre fondo violeta. El violeta, cuenta, es por la diversidad. El nombre viene del inglés: link up es conectarse.
Lo que falta, adentro y afuera
Lo próximo que quiere sumar es un mapa de lugares accesibles, “tipo un Google Maps accesible”, con bares, gimnasios y hoteles que los propios usuarios puedan calificar. Es la misma lógica de toda la app: que para tomar un café con alguien no haya que averiguar antes si el lugar tiene rampa, es decir saber si los lugares son verdaderamente accesibles para todos y todas previo a ir.
Afuera de la pantalla, los obstáculos son más concretos. En plena discusión del Presupuesto 2027 y de la emergencia en discapacidad, Tomás pide más fondos. Lo explica con un ejemplo cercano: en la Ciudad, dice, “las rampas están más o menos”, y muchos edificios todavía no están preparados para personas con discapacidad, ni para quienes usan silla de ruedas ni para el resto. También reclama más concientización y formación.