Rastros en los Vehículos, Huídas Apuradas y Testimonios Contradictorios
En el marco del juicio oral y público que conmociona al país por la desaparición y ocultamiento de Loan Danilo Peña, la jornada de este miércoles se anticipa determinante en el tribunal correntino. Le llega el turno de prestar declaración a María Victoria Caillava, la exfuncionaria comunal del pueblo de 9 de Julio y pareja del exmarino Carlos Guido Pérez. La imputada deberá romper el silencio ante los magistrados del Tribunal Oral Federal de Corrientes para intentar desmontar un entramado de evidencias complejas que la señalan directamente en el expediente, en momentos donde la fiscalía y la querella aguardan con expectativa para determinar si finalmente aceptará someterse a las preguntas de las partes.
El gran obstáculo defensivo que la exdirectora municipal debe sortear radica en los peritajes de rastreo odorológico concretados en las unidades de la pareja. Las pruebas con canes adiestrados detectaron la presencia del niño de 5 años tanto en la camioneta Ford Ranger blanca con la que asistieron al almuerzo en la vivienda rural de Catalina Peña, como en el automóvil Ford Ka rojo utilizado al día siguiente para trasladarse hacia Resistencia y la capital provincial. Aunque el equipo legal integrado por los letrados Ernesto González y Agostina Forlán planifica cuestionar la validez de las medidas por supuestas irregularidades en la faja de custodia policial, el hallazgo científico representa una de las columnas vertebrales de la acusación.
La Salida Intempestiva de la Finca y las Excusas Bajo la Lupa
Entre los pasajes más comprometedores del debate oral resuenan las palabras pronunciadas por la abuela del menor, Catalina Peña, quien repasó la actitud evasiva del matrimonio apenas se alertó sobre la ausencia de la criatura en la zona del tapera. Según la reconstrucción de la anciana, Caillava mostró una prisa inusual por abandonar el predio, argumentando que su esposo debía regresar al pueblo para seguir las alternativas de un partido de fútbol por televisión. En esa maniobra presurosa, la acusada dejó olvidadas las mandarinas cosechadas horas antes y su propio bolso personal con el manojo de llaves del hogar.
A estas sospechas se añaden los llamativos movimientos registrados en las horas posteriores a la desaparición. Los investigadores pusieron el foco en la demora de más de hora y media que protagonizó Caillava para dar el aviso formal a la fuerza pública, contactando a un efectivo que se encontraba fuera de servicio en lugar de acudir directamente al comando policial operativo. Asimismo, los dichos de vecinos del pueblo pusieron en jaque el presunto cuadro de salud y ataques de tos que la mujer alegó para justificar sus idas y venidas por el hospital local, sumado al testimonio de una joven que aseguró haber visto cómo lavaban minuciosamente la camioneta antes de encarar nuevamente el camino vecinal de tierra hacia El Algarrobal.
Una Estrategia Familiar y la Definición del Tribunal
La oportunidad elegida por la estrategia defensiva para que Caillava entregue su versión no resulta casual en el cronograma de audiencias. La exfuncionaria se sentará frente al estrado 24 horas antes de la citación de su hijo, Jorge Luciano Bertón, un joven que si bien no terminó procesado en la causa madre, permaneció largo tiempo bajo la observación de las fuerzas federales por su presunta colaboración logística con la pareja durante las horas más críticas del hecho.
Junto a su esposo Carlos Pérez, la exfuncionaria comparte el lote de acusados principales en la sustracción y retención del menor, compartiendo banquillo con Laudelina Peña y Antonio Benítez. Mientras el juzgamiento de las siete personas imputadas por el secuestro avanza en paralelo al proceso de otros diez involucrados por maniobras de entorpecimiento y falsas pistas, la declaración de Caillava promete transformarse en una de las instancias más tensas y reveladoras de la etapa testimonial en la provincia de Corrientes.