Cómo fue el verano pasado en la costa
La temporada anterior dejó números aceptables, aunque lejos de los mejores años. En el Balneario África, la ocupación de enero rondó entre el 70 y el 80%. La primera quincena de febrero se ubicó cerca del 75%, mientras que la segunda, tradicionalmente más floja, cayó a entre el 40 y el 50%.
“Es difícil homogeneizar una estadística para todos”, advierte el empresario, aunque considera que esos valores pueden servir como referencia para el resto de la ciudad.
Fue, dice, “una temporada que no fue fácil ni de las mejores”, marcada por precios muy ajustados para sostener la demanda y por un turista que eligió estadías cada vez más cortas.
Qué esperan para el verano 2027
De cara a la nueva temporada, en Villa Gesell hablan de “expectativas muy medidas”. La situación económica sigue siendo el primer condicionante y la competencia con el exterior, el segundo. Aunque viajar afuera se encareció, Mazzuoccolo reconoce que el destino internacional sigue siendo una alternativa para muchos.
¿Vuelve el turista que se fue a Brasil? “Ojalá pueda volver”, responde. Y destaca que Gesell cuenta con un público fiel que regresa año tras año, aunque eso no alcanza por sí solo. “Siempre hay que estar ofreciendo un buen servicio, tener una ciudad linda, limpia, con servicios”, señala. “En eso tenemos que trabajar todos juntos”.
El Niño, el factor que preocupa a los balnearios
Pero este año apareció un factor que ninguna tarifa puede compensar: el clima. Los pronósticos sobre el fenómeno de El Niño y la posibilidad de un verano más frío y lluvioso en la costa ya empiezan a pesar en las decisiones de las familias.
“Cuando uno empieza a hablar tanto del fenómeno de El Niño, la gente empieza a tomar recaudos”, explica Mazzuoccolo. El razonamiento que escuchan los concesionarios es sencillo: si la playa depende del sol, mejor elegir un destino que no dependa tanto del tiempo. “Es un tema que seguramente nos vaya a afectar”, admite, con la resignación de quien sabe que ahí no hay margen de maniobra.
Así, entre un Brasil más caro, precios que intentan no espantar y un cielo que todavía nadie puede prever, la costa se prepara para un verano en el que cada turista cuenta.