Identidad desobediente: ¿quién sos si tu apellido es el de un genocida?

En el Día del Derecho a la Identidad, Analía Kalinec, hija de un excomisario condenado por crímenes de lesa humanidad y protagonista del documental Desobediente, cuenta cómo tuvo que reconstruir su historia y por qué considera cruel el silencio de su padre, hoy libre.

Cada 22 de octubre, la Argentina conmemora el Día Nacional del Derecho a la Identidad, en homenaje a la fundación de Abuelas de Plaza de Mayo. La fecha suele contarse desde los nietos que recuperaron su nombre. Pero hay otra forma de pensar la identidad: la de quienes tuvieron que reconstruirla contra su propio apellido.

Es el caso de Analía Kalinec, hija de Eduardo Emilio Kalinec, el “Doctor K”, excomisario de la Policía Federal condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. Su historia es el centro de Desobediente, el documental de Federico Coringrato que se estrenó el 17 de septiembre y que todavía recorre salas de todo el país.

Una condena cumplida, un silencio intacto

Según contó Kalinec a LR, su padre recuperó la libertad en diciembre de 2025, con la pena cumplida. “Habiendo él ya cumplido su condena a cadena perpetua, la cadena perpetua en el caso de él fueron 20 años de prisión, que era lo que regía al momento de la comisión de los delitos”, explicó.

Para ella, que su padre haya sido juzgado “no deja de ser una gran victoria a nivel social, ¿no?, el hecho de que haya habido justicia”. Ese proceso, recordó, permitió reunir testigos, evidencias y pruebas sobre su participación activa en los grupos de tarea.

Pero la condena no cerró nada. Kalinec sostiene que desobedecer no alcanza con el repudio: “No se trata solamente de repudiar lo que él hizo y de cuestionarlo y de no mirar para otro lado, sino de enfrentar la condición de genocida de él y asumir los crímenes que cometió con vergüenza, con todo lo que eso implica en mi condición de hija, y pedirle que hable”.

“Sigue ejerciendo su condición de genocida”

Lo que más le pesa es que su padre esté libre “sin haberse arrepentido de lo que hizo, pensando que lo que hizo estuvo bien, y sabiendo que guarda información sensible”. Eduardo Kalinec nació en 1952 y hoy tiene 74 años. “Está lúcido, goza de buena memoria”, describió su hija.

“No me caben dudas acerca de que él recuerda cosas y tiene información sensible que podría estar aportando a las víctimas, que podría estar aportando a las madres, a los hijos de los desaparecidos”, afirmó. Y fue tajante: “El hecho de que siga guardando silencio y siga sin contar lo que sabe lo valoro como un acto de crueldad”.

Para Kalinec, ese silencio no es neutral. “Ahí sigue ejerciendo su condición de genocida, no solo negando lo que hizo o entendiendo que lo que hizo está bien, sino que reteniendo información sensible que podría estar dando, sumado a su falta de arrepentimiento”, sostuvo.

La identidad como elección

El camino de Analía no fue gratuito. Cuando supo lo que había hecho su padre, rompió con él, y él y sus hermanas la declararon “hija indigna”. En 2017 cofundó Historias Desobedientes, el colectivo de hijos, hijas y familiares de represores que repudian sus crímenes y defienden la memoria, la verdad y la justicia.

Para ella, el Día del Derecho a la Identidad “se me representa como un día de conciencia, también de conciencia social y de trabajo respecto a poder pensarnos como sociedad, quiénes somos, de dónde venimos, qué elecciones hacemos”.

En lo personal, la fecha la atraviesa de un modo particular: “Me atraviesa el tener que replantearme mi propia historia a partir de asumir la condición de genocida de mi papá y empezar a reconsiderar toda mi propia historia personal a la luz de creencias que tenía respecto de mi papá, de idealizaciones que tenía respecto de él y que tuve que ir deconstruyendo”. Ese proceso tuvo un costo: “En algún momento sentí una fuerte crisis identitaria”, recordó, por tener que “poner en crisis todos mis modelos, mis creencias”.

Un documental que cruza fronteras

Desobediente, de 108 minutos, con idea original de Coringrato y Martín Vergara, va de lo íntimo a lo político. En el film, Kalinec dialoga con Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; con Ana María Careaga, víctima de su padre; con los jueces Daniel Rafecas y Baltasar Garzón; y con Bárbara Brix, hija de un jerarca nazi. La historia se abre además a familiares de represores de Chile, Uruguay, Paraguay, España y Alemania que también eligieron desobedecer.

Uno de los momentos más duros del film el recorrido de Kalinec junto a Ana María Careaga por el Sitio de Memoria ex Club Atlético, el centro clandestino donde actuaba su padre. Careaga fue secuestrada el 13 de junio de 1977, a los 16 años y embarazada de menos de tres meses, y declaró bajo juramento haber visto actuar allí al “Doctor K”. Su madre, Esther Ballestrino de Careaga, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, fue secuestrada meses después y asesinada en los “vuelos de la muerte”. Que la hija del represor y la sobreviviente caminen juntas ese lugar condensa, quizás, todo lo que significa desobedecer.

El documental se podrá ver este sábado a las 18 en la sala Payró del Teatro Auditorium de Mar del Plata, con una charla posterior de Kalinec y los realizadores. Mientras tanto, Analía sigue esperando lo único que la condena no consiguió: que su padre hable.

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