Innovación y liderazgo argentino en la FAO: la experiencia de un joven emprendedor

Facundo Cobreros, en dialogo con La Redacción repasó los principales aprendizajes de la cumbre en Roma, cómo funciona la articulación entre tecnología y capital de riesgo desde el interior argentino y analiza las claves para involucrar a las nuevas generaciones en la transformación del agro.

Facundo Cobreros en el WFF. Foto: WFF

El panorama agroalimentario mundial enfrenta un desafío sin precedentes: garantizar la seguridad alimentaria de una población en constante crecimiento mientras se mitiga el impacto ambiental, se eficientiza el uso de recursos críticos como el agua y se gestiona la variabilidad climática. En este escenario, la transformación de los sistemas agroalimentarios se ha convertido en una prioridad estratégica global.

Para dar respuesta a estas urgencias, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) creó el World Food Forum (WFF) o Foro Mundial de la Alimentación. Se trata de la principal plataforma global neutral e independiente diseñada para conectar e impulsar a jóvenes, científicos, innovadores, inversores del sector privado y hacedores de políticas públicas. La iniciativa busca dinamizar la ciencia, la tecnología y el capital emprendedor para construir sistemas productivos más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles. El foro articula la acción juvenil como motor de cambio, el debate científico sobre biotecnología e inteligencia artificial y la atracción de inversiones privadas para escalar proyectos con impacto territorial.

Cada año, en el marco del Día Mundial de la Alimentación, la sede central de la FAO en Roma alberga el evento insignia del WFF. Bajo el lema “Innovar hoy para alimentar el mañana”, la última edición reunió a más de 100 delegaciones internacionales para debatir sobre las principales agendas del sector.

En este espacio de alcance global cobró protagonismo la participación de Argentina a través del Capítulo de la Juventud del WFF Argentina, un espacio apoyado por la oficina local de la FAO que busca canalizar el talento de los jóvenes profesionales y productores del país. Facundo Cobreros, delegado de este capítulo y profesional especializado en capital de riesgo en la firma Pampa Start, representó al país en la cumbre. En Roma, Facundo presentó Campo Beta, un programa de innovación abierta desarrollado en Córdoba junto a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y el Clúster Agtech que conecta problemas reales de los productores agrícolas con equipos universitarios para desarrollar y validar soluciones tecnológicas directamente en el terreno en un plazo de solo 8 semanas.

En la siguiente entrevista, Facundo Cobreros repasa los principales aprendizajes de la cumbre en Roma, detalla cómo funciona la articulación entre tecnología y capital de riesgo desde el interior argentino y analiza las claves para involucrar a las nuevas generaciones en la transformación del agro.

Recién estás llegado de Roma. ¿Cómo fue estar en la sede de la FAO representando a Argentina y con qué sensación volviste?

— Uy, la verdad es que no me lo esperaba, fue un evento gigante, súper amplio en distintos temas y en distintos desafíos que van teniendo los países. Éramos 100 capítulos de todo el mundo con todas las regiones representadas, por lo que había temas de todo tipo. Con lo que vuelvo a Argentina es con una mirada súper amplia a nivel global de todos estos desafíos y a su vez con grandes amistades y contactos que me voy a llevar para la vida.

¿Cómo llegaste a participar de ese evento y quién te eligió?

— Particularmente formo parte del capítulo joven de la FAO desde el año pasado, a partir de una invitación para integrar este capítulo incipiente de Argentina. No me postulé para viajar a Roma, sino que me seleccionaron. Les interesaba que llevara la visión del proyecto Campo Beta que estamos desarrollando y les pareció oportuno que este año fuera representando al capítulo argentino.

Bajo el lema del foro “Innovar hoy para alimentar el mañana”, ¿cuáles son los grandes desafíos del campo a nivel global y local que hay que resolver de forma inmediata?

— A nivel global se habló mucho de volver a técnicas ancestrales y alimentos de poblaciones indígenas, del empoderamiento de las mujeres que producen en regiones como África, Centroamérica y el Sudeste Asiático, además del manejo correcto del agua y el fenómeno de El Niño.

En Argentina, enfocándonos en la agricultura extensiva (soja, trigo, maíz, girasol), el desafío no es la falta de información. Toda la tecnología y maquinaria actual genera millones de datos. El reto principal, con el avance de la inteligencia artificial, es cómo tomar esos datos para convertirlos en información que nos ayude a tomar mejores decisiones (cuándo sembrar, cuándo cosechar y cómo hacerlo) de una forma más sostenible y estable a lo largo del tiempo.

Fuiste a presentar Campo Beta a Italia. ¿De qué se trata esta iniciativa?

— Campo Beta es un programa de innovación abierta que nació desde el capítulo argentino de la FAO. Buscamos identificar y documentar los problemas reales del productor agropecuario para dárselos como materia prima a equipos multidisciplinarios de universitarios y jóvenes profesionales.

Estructuramos un programa de 8 semanas junto a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Córdoba y el Clúster Agtech. Durante ese período, los equipos desgranan el problema, construyen un prototipo o solución y, al finalizar, la testean en el campo. El objetivo es dar la vuelta completa: validar el producto mínimo viable en el terreno y devolverle al productor una solución concreta. 

Al presentar Campo Beta ante referentes de distintas partes del mundo, ¿qué fue lo que más les llamó la atención?

— A muchos les hizo sentido la articulación entre dos tipos de organizaciones: por un lado, una entidad que recolecte los problemas (como una cooperativa agropecuaria) y, por el otro, una universidad o institución cercana a los jóvenes que ejecute el programa. Esa estructura permite que el modelo sea replicable en cualquier parte del mundo. Fue el aspecto que más resonó en las devoluciones que recibí.

Desarrollar un prototipo funcional en solo 8 semanas es un ritmo acelerado. ¿Cómo se logra esa velocidad y qué buscan cuando el proyecto sale a probarse al campo?

— Muchos emprendedores buscan resolver problemas gigantescos, cuando en realidad existen problemas puntuales y simples que, resueltos con tecnologías actuales como la inteligencia artificial, generan un impacto enorme en el día a día del productor. En dos meses se puede lograr un prototipo testeable en campo gracias al potencial de estas herramientas. Nuestra visión a futuro es que estos equipos no se queden solo en la prueba piloto, sino que puedan transformar esos proyectos en empresas que facturen y generen empleo.

Pasando a tu trabajo diario en Pampa Start: para quien no conoce el término Venture Capital, ¿qué hacen concretamente?

— El Venture Capital se traduce como capital de riesgo o capital emprendedor. Son inversiones de alto riesgo en empresas privadas emergentes (startups) que no cotizan en bolsa, pero que poseen un potencial de crecimiento exponencial.

En Pampa Start buscamos startups tecnológicas o científicas (biotecnología, finanzas aplicadas, etc.). Mi rol es buscar y analizar estas soluciones para evaluar si se alinean con nuestra tesis de inversión. Administramos el capital de nuestros inversores —que son los propios productores y empresarios del agro— para conectar e invertir en estas tecnologías.

Al momento de analizar una startup o idea para decidir una inversión, ¿cuáles son los aspectos clave que evalúan?

— Evaluamos principalmente tres puntos:

  • El equipo: Debe ser multidisciplinario, con referentes sólidos en tecnología, en la parte comercial/gerencial y en el sector agropecuario, conociendo de cerca la dinámica del productor.
  • Mentalidad global: Buscamos emprendedores que piensen en comercializar más allá del mercado local o regional, apuntando a mercados como Brasil, Estados Unidos o Europa.
  • Validación comercial: Requerimos que el proyecto ya esté facturando y cuente con clientes. Esto nos permite comprobar que el mercado realmente valida la solución.

Para un profesional joven apasionado por la innovación pero que ve al agro como un sector distante o tradicional, ¿qué consejo le darías?

— No hay nada mejor que el ingreso de un outsider: alguien que no proviene del sector ni de una familia agropecuaria, pero que se involucra para entender los problemas sin los sesgos tradicionales del ingeniero agrónomo o el veterinario. Esa mirada externa permite abordar los problemas y pensar soluciones con otra perspectiva. Le diría que no tenga miedo, que pregunte y aproveche que, al ser joven, el costo de oportunidad es menor para asumir riesgos.

¿Cuál es el próximo gran paso para Campo Beta y para tu carrera tras esta experiencia internacional?

— El objetivo en Roma fue tejer alianzas con organizaciones internacionales para financiar las pruebas piloto a campo y acompañar a los emprendedores en etapas de incubación y aceleración. Actualmente estamos en la fase de difusión, conectando con jóvenes interesados en postularse y con productores dispuestos a compartir sus desafíos. Proyectamos lanzar la primera cohorte de Campo Beta durante el primer semestre del próximo año.

La experiencia de Facundo Cobreros en el World Food Forum evidencia el papel estratégico que desempeñan el talento joven y la tecnología en la evolución de la cadena agroalimentaria. A través de iniciativas como Campo Beta y el impulso financiero de fondos como Pampa Start, el ecosistema emprendedor argentino continúa consolidando soluciones de alcance global desde el interior del país.

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