En un clima de extrema tensión y hermetismo, la abogada santiagueña Agostina Páez acusada de racismo logró reencontrarse este sábado por la noche con su padre, Mariano, y su hermana menor en Río de Janeiro, Brasil.
El encuentro, ocurrido pasadas las 2, se dio en medio de una situación procesal delicada: la joven permanece imputada por “injuria racial” y debe utilizar una tobillera electrónica tras el episodio ocurrido el pasado 14 de enero en un bar de Ipanema.
Páez, quien rompió el silencio en declaraciones a TN sin mostrar su rostro, manifestó un profundo temor por su integridad física ante la repercusión de su caso en la sociedad brasileña.
“No quiero mi cara más por ningún lado, al menos aquí en Brasil. Hay una campaña antifascismo con mis imágenes. Estoy en peligro, recibo amenazas constantemente. No puedo salir a ningún lado porque estoy muy expuesta. Están haciendo stickers con mi cara por todos lados. Es demasiado”, aseguró la joven.
Denuncias de ensañamiento y calvario policial
La defensa de la abogada logró recientemente revocar una orden de prisión preventiva que la había llevado brevemente a una sede de la Policía Civil el viernes. Sin embargo, Páez describió ese paso por las dependencias policiales como una experiencia traumática: “Ayer fue un calvario porque me ponían muchas trabas, incluso desde la Policía, a pesar de que ya estaba la orden de que me liberen. Me filmaban, exponían mis cosas. Me siento muy desprotegida. Hay gente que me odia”.
Respecto al fondo de la causa, donde se la investiga por haber realizado gestos racistas hacia empleados de un local gastronómico, la imputada evitó dar detalles técnicos pero fue enfática en su defensa personal: “No puedo hablar de los hechos. Lo único que voy a decir es que no mentí en nada. Decían que había dicho otros insultos y es mentira. Hay mucho ensañamiento, me quieren matar. Quisiera contar todo, pero no puedo”.
El futuro procesal en Brasil
Mientras la justicia local monitorea sus movimientos, su padre, Mariano Páez, confirmó que la familia se instalará en la ciudad carioca para acompañarla. El hombre reconoció haber sentido “mucho miedo” por la vida de su hija y calificó lo sucedido como un “gesto inconsciente” del cual Agostina está “muy arrepentida”.
Los puntos clave de su situación legal:
Imputación: Delito de injuria racial (penas de 2 a 5 años de prisión en Brasil).
Restricciones: Uso de tobillera electrónica y prohibición de abandonar territorio brasileño.
Obligación: Debe presentarse ante la Justicia entre el 1 y el 10 de cada mes.
El caso, que se viralizó rápidamente por un video que la Policía Civil dio por prueba suficiente el 23 de enero, mantiene a la profesional santiagueña en un limbo legal sin fecha de retorno a la Argentina, bajo la supervisión de abogados en ambos países y el seguimiento del consulado.