Carlos Pagni: “Una batalla tras otra”

Pagni describe al Gobierno como un escenario de batallas internas. Sturzenegger avanza contra los laboratorios nacionales, mientras Karina Milei desplaza a Caputo en Justicia. Entre espionaje y sospechas por los vuelos de Adorni, la ética oficialista queda bajo la lupa.

Carlos Pagni

La guerra de los laboratorios y el eje Sturzenegger-Lugones

El prestigioso editorialista, Carlos Pagni, describe al gobierno de Javier Milei como una producción cinematográfica donde se libra “una batalla tras otra”. La más reciente es la reforma del sistema de patentes medicinales, donde Federico Sturzenegger se impuso sobre los laboratorios nacionales al derogar normativas proteccionistas de la era kirchnerista. Esta medida obliga a respetar la propiedad intelectual de firmas internacionales, buscando atraer inversiones por 2100 millones de dólares.

Sin embargo, Pagni advierte sobre el surgimiento de la ANEFITS, una agencia que actuaría como filtro de precios: si un medicamento es innovador pero caro, podría no autorizarse. El autor destaca la contradicción de un gobierno ultraliberal que recurre al control de precios y señala:

“El gobierno de Milei ya respondió: ‘No’ [a liberar precios]. ¿Qué opinará el ‘Coloso’ [Sturzenegger]?”.

La interna palaciega: Karina vs. El Mago

El trasfondo de estas decisiones es la disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo. Según Pagni, el nombramiento de Juan Bautista Mahiques en Justicia es un avance de la “hermanísima” sobre el territorio del “Mago del Kremlin”. No obstante, Caputo retendría “artillería judicial” a través de los jueces Ariel Lijo y Martínez de Giorgi, quienes tramitan causas sensibles para los Milei (como $LIBRA y la Agencia Nacional de Discapacidad), vinculados al entorno de Antonio Stiuso.

Sospechas, espionaje y "Riesgo Kuka"

Pagni analiza el clima de paranoia oficialista tras la filtración del video de Manuel Adorni abordando un avión privado. Mientras el Gobierno sospecha de fuego amigo (Caputo o Bullrich), la hipótesis técnica apunta a una cámara de la ANAC operada por una sindicalista de ATE.

Finalmente, el autor cuestiona la ética de los funcionarios y la opacidad de sus gastos, cerrando con una ironía sobre la falta de comprobantes del viaje de Adorni:

“¿Ya aparecieron las facturas que demuestran cómo se pagó? Trivialidades. En un Gobierno cinematográfico, lo importante es la película”.

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