El Consejo Europeo terminó este jueves sin un acuerdo unánime para activar el salvavidas financiero destinado a Kiev. Durante una reunión de 90 minutos en Bruselas, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ratificó su veto al préstamo de 90.000 millones de euros que ya había recibido luz verde política el pasado diciembre.
La decisión generó una tensión diplomática sin precedentes entre los Estados miembros, quienes calificaron la postura húngara como una violación a los tratados de buena fe de la Unión Europea (UE).
El núcleo del conflicto reside en el oleoducto Druzhba, la principal vía de suministro de crudo ruso hacia Europa Central. Orbán sostuvo que no apoyará ninguna ayuda financiera para Ucrania mientras el flujo de petróleo permanezca interrumpido tras un bombardeo ocurrido en enero.
Para el mandatario húngaro, el acceso a esta energía es una cuestión de supervivencia económica, desestimando las críticas de sus homólogos que ven en este bloqueo una maniobra política de cara a las elecciones del 12 de abril.
A diferencia de otras cumbres, el líder húngaro no estuvo solo. El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, se sumó a la negativa de firmar las conclusiones relativas al apoyo militar y financiero.
Ambos líderes sostuvieron que sus países enfrentan un riesgo existencial por la falta de suministro energético, y exigieron que técnicos de la UE realicen una inspección en territorio ucraniano para verificar el estado de la infraestructura dañada.