El Superclásico del domingo en el Monumental, no es una final, tampoco un mano a mano, ni define alguna corona y menos aún da alguna clasificación, pero es un River-Boca y nada es igual luego de un partido así. Nuevamente, como tantas veces, el partido no va a terminar con el silbato final y va a empezar de nuevo con las repercusiones de un lado y otro porque los dos equipos y sus protagonistas ponen recursos en juego que para bien o para mal, para crédito o para deuda, el resultado factura.
Algunas historias que el Superclásico puede escribir como cuento épico o como cuento triste van de la mano de ciertos nombres propios que son los protagonistas del asunto. En Boca y en River, hay sujetos que por peso propio no van a jugar un partido más del fixture y del calendario, muy por lo contrario tendrán valores extras en juego que le van a marcar el camino de sus futuras decisiones. Siempre se dice que hay finales y hay Superclásicos, que hay objetivos y hay Superclásicos, que hay proyectos y hay Superclásicos.
Del lado de River hay un nombre que hace punta en la fila y es el de Eduardo Coudet. Recién llegado para reemplazar a Gallardo, el Chacho sabe que si el partido es especial para el contexto, más aún lo es para el mismo. Un triunfo le puede abrir la caja de la felicidad y darle respaldo para tomar decisiones y una derrota puede quedar como un clavo en la suela de su zapatilla. Coudet, que hizo un gol en la Bombonera en un 3-0 histórico, es muy consciente de la marca que dejó en su carrera ese acontecimiento.
Del lado de Claudio Ubeda y Boca, llega con el saldo a favor de haberle ganado jugando muy bien el año pasado para además lograr la plaza de la Libertadores que le sacó a River. Ese partido le funcionó luego como punto a favor para que su continuidad no tenga otra pata renga. Pero también sabe que como siempre se habla de su trabajo —quedó por ser el ayudante de Miguel Russo— cualquier mal paso en un Superclásico se lo van a cobrar como si fuera la costilla de un elefante.
En cuanto a los jugadores, en la ciudad de River, sus habitantes sienten la presión del partido tras lo que pasó el año pasado cuando quedaron muy marcados por la derrota en la Bombonera y todos van a querer su revancha porque el crédito que perdieron muchos con el hincha empezó ahí. En cambio todo es ilusión para jugadores como Anibal Moreno, Tomás Galván, Santiago Beltrán o Ian Subiabre, por dar algunas direcciones precisas dónde puede viajar algún pasaje consagratorio.
En el mismo sentido, jugadores de Boca como Adam Bareiro, que pasó con demasiada pena y sin gloria por River, se relame para que esta historia lo marque a fuego. Otro que tiene esa misma sensación de vértigo es el chico Tomás Aranda, la nueva gran figura del equipo, un chico del club que la está rompiendo y que daría un salto descomunal en caso que le vaya bien el domingo en Núñez. También será una gran vidriera para Ascacibar, que fue buscado por River y acabó con el Xeneize.
Así las cosas en el prólogo de otro nuevo Superclásico que nadie podrá nunca predecir cómo va a salir pero que todos saben que tendrá un final que le abrirá las puertas siempre a una nueva e interminable temporada.