Para muchos, el placer de viajar se ve empañado por la aerofobia (miedo a volar). La ansiedad suele alimentarse de la interpretación errónea de los sonidos y movimientos de la aeronave. Ante esta problemática, el piloto en actividad Nicolás Labat y la periodista Carola Sixto lanzaron una guía diseñada para ser consultada a bordo, respondiendo a las dudas más inquietantes con precisión técnica y lenguaje accesible.
El mito del giro: Muchos pasajeros temen que el avión se “dé vuelta” al inclinarse tras el despegue. Los expertos aclaran que el giro máximo es de 30 grados, una maniobra rutinaria para seguir rutas de salida.
La “pérdida de fuerza”: El cambio de sonido tras elevarse no es una falla, sino la reducción de potencia para disminuir la contaminación sonora en zonas pobladas y el cese del rozamiento de las ruedas.
Turbulencias: Se aclara que son incómodas pero no peligrosas. Los aviones están diseñados para soportar fuerzas muy superiores a las de cualquier turbulencia común.
Seguridad ante fenómenos externos
Una de las preguntas más frecuentes es qué sucede si un rayo impacta la estructura. Según el libro, la probabilidad es baja y, de ocurrir, los aviones actúan como una “jaula de Faraday”, protegiendo los sistemas electrónicos y a los ocupantes. Asimismo, el texto desmitifica el miedo a “quedarse sin combustible”: cada vuelo carga el combustible necesario para el trayecto, más una reserva operativa y el margen para desviarse a un aeropuerto alternativo.
En cuanto a la tecnología a bordo, la guía explica por qué se mantiene la restricción del uso de celulares sin “modo avión”. El objetivo es evitar interferencias en los equipos de navegación y radios, garantizando una comunicación limpia entre la cabina y la torre de control durante las fases críticas.
Emergencias médicas y fallas técnicas
¿Qué sucede si un pasajero sufre un ataque de pánico o una urgencia de salud?
Capacitación: Los tripulantes de cabina están entrenados en primeros auxilios y manejo de crisis.
Equipamiento: Las naves cuentan con botiquines completos y desfibriladores.
Protocolo: Si la gravedad lo requiere, los pilotos tienen la potestad de realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto más cercano.
Respecto a las fallas mecánicas, como la rotura de una ventana o la pérdida de electricidad, el piloto destaca la redundancia de los sistemas. Los aviones poseen múltiples fuentes de energía (generadores y baterías) y las ventanillas están fabricadas con materiales ultra resistentes diseñados para soportar presiones extremas, haciendo que su rotura sea “altamente improbable”.
El factor humano: la clave de la calma
El libro concluye que la mayor parte del estrés del pasajero proviene de la falta de control. Entender que el despegue y el aterrizaje son fases “críticas” (que requieren atención) pero no “peligrosas”, ayuda a racionalizar el miedo. Los autores sugieren que los viajeros permanezcan sentados y con el cinturón abrochado siempre que sea posible, no por riesgo de caída, sino para evitar golpes ante movimientos imprevistos del aire.
Con esta obra, Labat y Sixto buscan que el conocimiento técnico sea el mejor aliado para quienes, hasta hoy, veían en el cielo un escenario de incertidumbre.