Las esquirlas de otro Superclásico que va a dejar marcas

Leonardo Peluso​ - Periodista El último River-Boca se seguirá jugando hasta que haya otro en especial por la última jugada del partido cuando Blanco empujó a Martínez Quarta y el árbitro mundialista, Darío Herrera estimó que no era penal. La acción que tuvo una parecida de Maxi Salas en ataque que sí fue sancionada no …

Ganó Boca en la cancha de River
Ganó Boca en la cancha de River

Leonardo Peluso​ - Periodista

El último River-Boca se seguirá jugando hasta que haya otro en especial por la última jugada del partido cuando Blanco empujó a Martínez Quarta y el árbitro mundialista, Darío Herrera estimó que no era penal. La acción que tuvo una parecida de Maxi Salas en ataque que sí fue sancionada no hizo más que abonar la teoría en la previa de un VAR al menos tendencioso. La sospecha seguirá corriendo. Esa acción, de todos modos, no fue lo único que lanzó el Superclásico a la jaula de los leones.

Del lado de River quedó en el centro de las discusiones el tema del armado del equipo de Eduardo Coudet, que eligió poner a Kendry Páez y a Juan Cruz Meza -dos chicos casi debutantes- y no a Galoppo para darle batalla al mediocampo de Boca y sobre todo molestar a Paredes. El campeón del mundo fue una de las figuras y eso habla a las claras que el plan inicial no funcionó. La libertad con la que lanzó sus pases Paredes fueron una de las claves del triunfo de Boca.

También la derrota desvistió un asunto en River que estaba tapado por el invicto de Coudet. Un equipo corto, sin alternativas, con titulares que le llevan una distancia abismal a los suplentes. Coudet no pudo reemplazar a Fausto Vera y el silencio en el estadio cuando se lesionó Driussi fue elocuente. Freitas, Subiabre y Salas agigantaron la figura del jugador lastimado. Cuando el DT deba armar el equipo para jugar contra Aldosivi el sábado, el superclásico volverá a jugarse en el humor de los hinchas.

Entre la vida de Boca, este triunfo, no hace más que seguir aumentado la idolatría de Leandro Paredes, autor del gol del penal con festejo en modo presidente Román y nuevo símbolo con tinte de Mundial. Boca, que volvió a jugar la Libertadores y sueña con olvidar los oscuros años de eliminaciones en tiempos de Gallardo, encontró en su segundo superclásico ganado nuevas razones para olvidar el pasado y soñar el futuro. Ganar en el Monumental es un paso más de esa carrera.

En la vida de Úbeda, un DT que no estaba en los planes de nadie y que siempre anduvo entre las cuerdas de la continuidad, ganar su segundo Superclásico es más crédito para su inversión. De a poco, siguiendo la línea de anti estridencia de Miguel Angel Russo, el “Sifón” encontró un equipo y un lugar donde ubicarse para que a veces se discutan sus decisiones pero no tanto su capacidad para estar en el banco de Boca. La historia dirá que metió a su equipo en la Libertadores justo el día que le ganó a River y que luego fue al Monumental y repitió los festejos.

En fin, se jugó otro Superclásico, como siempre habrá revancha y se jugará otro, pero la edición 266, estuvo a la altura de la historia. Tal vez no por el juego, pero si por las esquirlas que van a seguir haciendo ruido un tiempo más.

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