En el marco del proceso oral que se desarrolla en Santa Cruz, el vicealmirante retirado David Burden brindó una declaración fundamental que desplaza el foco de las sospechas sobre el mantenimiento estructural hacia una secuencia de eventos catastróficos en las profundidades. Quien fuera responsable de Material Naval al momento de la tragedia detalló ante el tribunal los resultados de una misión técnica que realizó personalmente al astillero alemán Thyssen Krupp, constructor de la unidad, apenas dos semanas después de la desaparición en noviembre de 2017. Según su exposición, el hecho de que la nave implosionara cerca de los 750 metros de profundidad demuestra que el casco se encontraba en óptimas condiciones, ya que logró superar incluso los márgenes de seguridad teóricos antes de ceder por la presión hidrostática.
La reconstrucción técnica presentada por Burden desestimó varias teorías iniciales, como la presencia de gases tóxicos o defectos en las soldaduras realizadas durante la reparación de media vida del buque. La hipótesis más sólida discutida con los ingenieros germanos apunta a una posible acumulación de hidrógeno en el tanque de baterías —derivada del ingreso de agua informado en la última comunicación del 15 de noviembre—, lo cual habría generado una explosión interna de magnitud moderada. Este evento inicial, con un gradiente de presión letal para la tripulación, explicaría la pérdida de control de la nave y su posterior descenso libre hacia el fondo marino.
El vicealmirante subrayó que la anomalía sonora captada por organismos internacionales no fue producto de esa deflagración de hidrógeno, sino de la implosión final del casco al alcanzar una profundidad crítica. Los restos, localizados a 900 metros, presentan una dispersión que coincide con un colapso estructural ocurrido alrededor de los 750 metros, el punto máximo de resistencia para el cual fue diseñada la clase TR-1700. Para el testigo, la integridad del acero cumplió con su función hasta el último instante, dejando como incógnita principal si el hundimiento se debió a la incapacidad de la dotación tras el estallido de gas o a una falla mecánica que forzó una caída descontrolada.
El debate judicial, que busca determinar si existió negligencia por parte de los altos mandos imputados, continuará con la comparecencia de otros oficiales de la Armada antes de entrar en un receso programado. Por ahora, las palabras de Burden refuerzan la idea de que el ARA San Juan era una plataforma estructuralmente confiable al momento de su partida, situando el origen del desastre en la gestión de la emergencia eléctrica inicial y la subsiguiente pérdida de plano en aguas profundas.