Un vacío legal persistente
Pese al avance normativo, la marihuana continúa siendo una sustancia controlada a nivel federal. La orden de Blanche se limita exclusivamente a los productos medicinales aprobados por la FDA o con licencia estatal. Aquellos productos distribuidos fuera de estos programas oficiales seguirán clasificados en la Lista I, manteniendo el riesgo de sanciones penales por posesión o venta.
La administración utilizó una disposición legal que permite al fiscal general determinar la clasificación de fármacos basándose en tratados internacionales. Este método eludió el proceso de revisión administrativa que inició la gestión de Joe Biden en 2024, el cual recibió casi 43.000 comentarios públicos pero no llegó a finalizarse.
Tensiones políticas y sociales
La medida generó reacciones divididas en el espectro político y civil. Mientras sectores industriales celebran la legitimación de los programas estatales, opositores como Kevin Sabet, director de Smart Approaches to Marijuana, criticaron la decisión. Sabet calificó a la actual administración como la más favorable a las drogas en la historia y señaló que los intereses económicos están dictando las políticas de salud.
Por otro lado, más de veinte senadores republicanos expresaron anteriormente su rechazo a cualquier flexibilización de las normas sobre el cannabis. Esta apertura ocurre en un contexto donde el gobierno mantiene una postura de máxima rigurosidad contra otras sustancias. El presidente Trump declaró recientemente al fentanilo como un arma de destrucción masiva y ordenó operativos militares contra redes de narcotráfico internacional.
¿Logrará esta reclasificación unificar los criterios legales entre los estados y la federación, o profundizará la confusión jurídica en un país donde solo dos estados prohíben totalmente la planta?