La situación del financiamiento no bancario en Argentina atraviesa una fase de reordenamiento crítico según las últimas estadísticas del Banco Central. El volumen de préstamos otorgados por plataformas digitales y entidades crediticias alternativas que han caído en la categoría de “irrecuperables” —aquellos con más de doce meses de atraso— se multiplicó por cuatro en el último año, llegando a representar el 10,8% del total de las carteras. Este deterioro del cumplimiento, que equivale a unos 1,5 billones de pesos, refleja las dificultades de las familias para saldar compromisos asumidos mediante billeteras virtuales y créditos de consumo, consolidando un escenario de morosidad sistémica que cuadruplica los niveles registrados en la banca tradicional.
Pese a la contundencia de estas cifras, diversos informes de consultoras especializadas como EcoGo y 1816 sugieren que el fenómeno financiero podría estar alcanzando su punto de saturación. Si bien el segmento de mayor retraso (clasificación 5) continúa en ascenso, los incumplimientos de corto y mediano plazo han comenzado a estancarse o incluso a descender. Esta desaceleración en las categorías de riesgo bajo e intermedio permite a los analistas y a las autoridades del BCRA proyectar que el techo de la irregularidad se establecería durante el segundo trimestre del año. Este pronóstico se vincula con un alivio relativo en el endeudamiento de los hogares respecto a sus ingresos, que pasó del 155% al 145% en los últimos meses, sumado a una expectativa de menor inflación.
En el desglose del mercado, las empresas líderes muestran comportamientos dispares pero resilientes. Mientras firmas como Mercado Pago mantienen niveles de morosidad crítica significativamente por debajo del promedio general, otras como Naranja X reportan indicadores que, aunque elevados, ya muestran signos de mejoría marginal. Sin embargo, la persistencia de esta fragilidad crediticia tiene un impacto directo en el costo del dinero: las tasas de interés para préstamos personales se mantienen estables en niveles altos, ya que las entidades financieras necesitan márgenes de cobertura más amplios para compensar el riesgo de impago. En última instancia, la recuperación definitiva de la salud financiera del sector dependerá de una recomposición de los salarios reales que permita licuar las deudas vigentes y normalizar el ciclo de cobros.