VINOS DE CHUBUT – Contra Corriente: vinos que nacen en el límite

De la pesca con mosca a los mejores restaurantes del país: conocé la historia de Contra Corriente, la bodega de Trevelin que desafía el clima extremo de la Patagonia para crear vinos de autor vibrantes y con identidad propia.

Hay lugares donde hacer vino parece una locura. Trevelin, en Chubut, es uno de ellos. Heladas en verano, vientos intensos, amplitudes térmicas marcadas. Un territorio donde la vid no estaba invitada. Y sin embargo, ahí está Contra Corriente, una bodega boutique que produce apenas 10.000 litros al año y que ya logró algo impensado: colarse en algunos de los mejores restaurantes del país y exportar a Estados Unidos.

Todo empezó lejos del vino. En Montana, Estados Unidos, donde Rance y Travis crecieron entre ríos, pesca con mosca y naturaleza. Ese mismo espíritu los trajo a la Patagonia. Primero para trabajar en un lodge de pesca, después para quedarse. El vino apareció casi como un detalle. Una idea para mejorar la experiencia del lodge. Plantaron un viñedo. Se congeló. Volvieron a intentar. Se volvió a congelar. Insistieron.

La mirada que vino de lejos

Para dar el siguiente paso, necesitaban conocimiento. Y lo encontraron en Sofía Elena, una enóloga con recorrido internacional en algunas de las regiones más prestigiosas —y frías— del mundo: Borgoña, Oregón, Nueva Zelanda. Su llegada a la Patagonia no fue casual. Venía siguiendo de cerca los territorios de clima extremo, esos donde la vitivinicultura todavía no está del todo escrita. Lugares donde todo está por definirse.
Cuando probó los primeros vinos de Trevelin, lo sintió de inmediato: había algo ahí. Pero no fue solo el vino. Fue el conjunto. El paisaje, la energía del lugar, la posibilidad de construir desde cero en una región casi virgen. En ese equilibrio entre desafío y belleza, decidió quedarse.

Hacer vino en Trevelin es aceptar que la naturaleza tiene la última palabra. Las heladas pueden aparecer incluso en verano y afectar no solo la cosecha del año, sino también las siguientes. El margen de error es mínimo. Cada decisión cuenta. Pero lejos de romantizar la dificultad, en Contra Corriente la integran como parte del proceso. Así como en Mendoza el granizo es una amenaza constante, acá el pulso lo marcan las heladas. Y en ese límite, el vino encuentra su identidad.

El sabor del frío

Los vinos de Contra Corriente tienen algo que los distingue desde el primer sorbo. Son ligeros, de bajo alcohol, pero con una intensidad aromática que sorprende. La acidez natural, filosa y vibrante, les da frescura y carácter. Son vinos que no buscan imponerse, sino expresarse.
Y también desafían otra idea instalada: la de que los vinos livianos no envejecen bien. Gracias a esa acidez, pueden evolucionar en botella durante años, ganando complejidad sin perder energía. El resultado es elegante, preciso, distinto.

Espumantes que hablan del lugar

En esa misma línea, la bodega avanza con espumantes que encuentran en el clima frío un aliado natural. Uvas con gran acidez, perfiles tensos y frescos, y crianzas sobre lías que suman profundidad sin perder identidad. Todo responde a una misma lógica: dejar que el lugar hable. En Contra Corriente, la sustentabilidad no es una etiqueta: es una práctica cotidiana.
Trabajan con manejo orgánico y regenerativo, enfocados en reducir al mínimo los insumos externos y en construir un sistema que se sostenga con los propios recursos del entorno.

La idea es simple, pero potente: intervenir lo menos posible y devolverle al lugar lo que da. Hay también una mirada pragmática. En un contexto donde los costos de los insumos tradicionales no dejan de crecer, la autosuficiencia no es solo una elección ética, sino también una estrategia a futuro.

Pequeño en escala, grande en identidad

El crecimiento de la vitivinicultura en Chubut es real. Cada vez hay más interés, más proyectos, más miradas puestas en la región. Pero Trevelin tiene un límite natural: no hay grandes extensiones de tierra. Predominan las chacras pequeñas, los desarrollos acotados.
Y eso, lejos de ser un problema, define su esencia. Acá no habrá producción masiva. Habrá vinos de autor, de pequeña escala, donde cada botella cuenta una historia.

Contra Corriente es, en el fondo, una invitación. A correrse de lo conocido. A explorar. A entender que el vino argentino ya no se explica solo desde sus regiones tradicionales. En el sur, en condiciones que parecían imposibles, están pasando cosas. Y quizás ahí, en ese borde donde todo cuesta un poco más, es donde nacen los vinos más interesantes.
Porque a veces, para encontrar algo nuevo, hay que animarse a ir —literalmente— contra la corriente.

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