Día Nacional del Bandoneón: por qué se celebra el 11 de julio

Un repaso por los misteriosos orígenes, el legado de “Pichuco” y su expansión hacia el chamamé.

Cada 11 de julio, la música rioplatense se detiene para rendir homenaje a su testigo más fiel. Desde 2005, por la ley 26.035, se conmemora el Día Nacional del Bandoneón en la Argentina.

La elección de la fecha rinde tributo al nacimiento de Aníbal Troilo, el “Bandoneón Mayor de Buenos Aires”, también recordado afectuosamente como “Pichuco”.

La iniciativa, impulsada originalmente por Francisco Torné y el poeta Horacio Ferrer, celebra a este ícono inseparable de nuestra identidad cultural.

La anatomía de un gigante musical

Desde la perspectiva técnica, los musicólogos definen al bandoneón como un aerófono portátil con botones, accionado a fuelle. Su notable complejidad radica en la ejecución simultánea de ambas manos a través de un sistema de lengüetas metálicas. El instrumento posee una distribución muy particular: del lado derecho se ubican los llamados “cantos afinados”, mientras que del izquierdo se encuentran los “graves”, en una octava más baja.

A diferencia de los modelos cromáticos que continuaron usándose en Europa, los intérpretes del Río de la Plata adoptaron masivamente los bandoneones acromáticos; aquellos en los que abriendo el fuelle se emite una nota y cerrando se genera otra diferente, permitiendo obtener así las ricas disonancias típicas del género.

De los templos europeos al arrabal porteño

Aunque parezca paradójico, los orígenes del instrumento se remontan a la Alemania del siglo XIX, donde se concibió inicialmente como un órgano de iglesia portátil para capillas de bajos recursos que no podían costear un armonio. Su invención se disputa entre los luthiers Heinrich Band y Carl Friedrich Uhlig, además del fabricante vienés Cyrill Demian.

El bandoneón desembarcó en el Río de la Plata entre 1870 y 1880, pero su verdadera revolución se consolidó entrado el siglo XX. Los primeros instrumentistas porteños transformaron por completo la técnica tradicional de ejecución al incorporarlo “en sus rodillas en lugar de interpretarlo de pie”, un cambio postural que definió la estética del tango.

A partir de allí, nombres como Eduardo Arolas, Astor Piazzolla y Leopoldo Federico elevaron el instrumento, mientras que Alejandro Barletta lo introdujo con éxito en la música académica internacional en 1951.

Huella femenina y expansión federal

La historia del fueye también guarda un capítulo dorado para las mujeres. Francisca “Paquita” Bernardo, apodada “La Flor de Villa Crespo”, se convirtió en 1921 en la primera bandoneonista profesional del país, liderando un célebre sexteto que integraba a un adolescente Osvaldo Pugliese.

Asimismo, el instrumento rompió las fronteras del asfalto porteño para arraigarse con fuerza en el Litoral argentino. Hacia la década de 1940, el bandoneón se integró de forma definitiva a las polcas rurales de Corrientes, dando origen al chamamé correntino, una expresión litoraleña donde creadores locales como Baltazar Estol continúan fabricando ejemplares diatónicos a la medida de nuestra tradición musical.

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