Conseguir la gloria máxima en el deporte de alto rendimiento suele asociarse a la estabilidad económica y la consolidación profesional. Sin embargo, en la Argentina, alcanzar la cima del mundo no garantiza la tranquilidad financiera más elemental. A pocos días de haberse consagrado campeonas del mundo, dos de las máximas referentes del seleccionado nacional de hockey sobre césped, Las Leonas, alzaron la voz para hacer pública la cruda brecha que separa los laureles conseguidos dentro de la cancha con la precariedad económica en la que viven a diario.
Victoria Sauze, mediocampista y símbolo indiscutida del plantel, rompió el silencio al detallar el desfinanciamiento que impacta de lleno en las jugadoras. En declaraciones a DSports Radio, expuso los malabares cotidianos que deben realizar para subsistir con ingresos escasos y fuera de término. “Hay muchas jugadoras del equipo que hay veces que directamente no llegan y esto es real”, sentenció la atleta. La jugadora graficó la asfixia financiera al explicar que en reiteradas ocasiones los cobros se efectivizan el día 28 de cada mes, cuando los compromisos habitacionales, como el pago del alquiler, vencen indefectiblemente el día 5.
Pese a remarcar que en determinados períodos la situación logró estabilizarse momentáneamente, Sauze cuestionó la abismal disparidad de recursos en comparación con los seleccionados rivales. Las atletas argentinas compiten y alcanzan objetivos de jerarquía ecuménica trabajando con insumos mínimos. En ese sentido, la mediocampista remarcó la resiliencia del deporte argentino para lograr hazañas históricas frente a potencias internacionales que disponen de presupuestos millonarios e infraestructura de primer nivel.
En la misma sintonía, la arquera Cristina Cosentino profundizó sobre las exigencias invisibles del alto rendimiento y las contradicciones de competir bajo un esquema amateur. En diálogo con Radio Rivadavia, la figura del arco nacional relató las demandas del cuerpo técnico durante el último año, que exigió una concentración permanente en Buenos Aires. “Teníamos la bajada de línea del entrenador de que teníamos que entrenar todas en Argentina, juntas, ahí en el Cenard”, explicó sobre una rutina de lunes a viernes con doble turno diario. Sin embargo, este régimen plenamente profesional choca con la realidad del sistema local: a diferencia de las ligas europeas, las jugadoras argentinas deben pagar la cuota social de sus clubes para poder jugar.
Esta asimetría expone la insuficiencia de las becas estatales y federativas otorgadas al plantel. Cosentino remarcó que los montos actuales no alcanzan para sostener a deportistas dedicadas a tiempo completo y solicitó una actualización indispensable. Para dimensionar el nivel de vulnerabilidad habitacional, la guardameta reveló una historia límite dentro del equipo campeón. Una de las jugadoras, que se encontraba compitiendo en la liga de España, decidió regresar al país tras ser convocada. Ante la imposibilidad económica de costear un alquiler en Buenos Aires con el dinero de la beca, debió instalarse a vivir dentro del propio Cenard durante un prolongado período.
Los testimonios de Sauze y Cosentino se suman al reclamo que ya había manifestado la delantera Majo Granatto tras dar la vuelta olímpica, cuando exigió públicamente al Gobierno nacional un incremento en la inversión destinada al deporte. El reclamo unificado del seleccionado expone que el modelo actual resulta insostenible para atletas que representan al país en la máxima elite mundial sin contar con una red de contención económica básica.
Pese al panorama adverso y la falta de garantías, el motor que impulsa a Las Leonas sigue siendo la pasión inquebrantable por la camiseta. “Lo hacemos con muchísimo amor y pasión, y nos encanta; por eso también cuando a una la llaman no lo dudamos ni un poco”, concluyó Cosentino. La exposición pública de esta realidad busca concientizar a las autoridades y a la sociedad con la esperanza de que la conquista del título mundial marque el inicio de un respaldo institucional acorde a la grandeza de estas deportistas.