Axel Kicillof decidió cancelar su viaje a China, donde tenía previsto encabezar una misión comercial en la Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE) en Shanghái. El evento representaba una oportunidad estratégica para que el mandatario provincial acompañara a un grupo de empresarios bonaerenses en su intento por ingresar al gigante mercado asiático, además de permitirle estrechar vínculos con altos funcionarios y empresarios de la potencia oriental.
Desde el gobierno provincial justificaron la suspensión argumentando que la cumbre en Shanghái coincide con la agenda del Papa León XIV en la Argentina. Sin embargo, fuentes cercanas a las negociaciones señalan que los tiempos daban margen para cumplir con ambos compromisos: la feria internacional se desarrolla los días 5 y 6 de noviembre, mientras que el Sumo Pontífice recién visitará el Cotolengo de Don Orione, en Almirante Brown, el lunes 9, y oficiará una misa en la basílica de Luján el miércoles 11.
Más allá de la justificación oficial, la cancelación abrupta y el manejo de las comunicaciones provocaron un profundo malestar en la embajada china en Argentina, encabezada por el diplomático Wang Wei. Durante semanas, la representación asiática intentó sin éxito obtener confirmaciones y precisiones sobre la comitiva por parte de la gobernación en La Plata.
La diplomacia china se caracteriza por su estricto apego a los protocolos y la formalidad. Según fuentes diplomáticas experimentadas, el armado de reuniones de alto nivel en China requiere un trabajo previo de al menos 60 días. Las respuestas ambiguas y las dilaciones por parte del equipo provincial fueron leídas como una falta de seriedad. “Si no cumplís con esos plazos burocráticos, lo único que conseguís es una foto de cortesía y no mucho más”, advirtieron.
El rol de los asesores y la escala previa en Wall Street
Las gestiones iniciales para el desembarco de Kicillof en Shanghái habían estado a cargo de Sabino Vaca Narvaja, ex embajador argentino en Beijing y dueño de aceitados contactos en el país asiático. Posteriormente, la organización quedó en manos de Cecilia Nicolini, actual asesora en Asuntos Internacionales del Ministerio de Economía bonaerense, quien junto a Carlos Bianco suele diagramar la agenda exterior del gobernador.
El volantazo respecto a China cobra otra relevancia al analizarse en el contexto del reciente viaje de Kicillof a Estados Unidos. La semana pasada, el mandatario bonaerense —acompañado por la propia Nicolini— mantuvo una cargada agenda en Nueva York. Allí, logró una foto de peso político en la Gracie Mansion junto al alcalde Zohran Mamdani y al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez.
Pero el dato que mayor impacto generó fue su reunión con representantes de importantes fondos de inversión de Wall Street tenedores de bonos de la provincia, como Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y el gigante BlackRock. En ese encuentro destacó la sorpresiva presencia del ex ministro José Luis Manzano, un empresario con vínculos estrechos tanto con la administración demócrata como con el entorno del republicano Donald Trump, sectores que mantienen una postura de fuerte rechazo a la expansión de la influencia china en América Latina.
Este acercamiento al establishment financiero estadounidense, seguido de la inmediata cancelación de su visita a Shanghái, abre un interrogante sobre el reposicionamiento geopolítico y económico del gobernador bonaerense de cara a sus futuras aspiraciones políticas, en un escenario global marcado por la tensión entre Washington y Beijing.