Las fuerzas policiales reportaron detenciones de menores por portar objetos punzantes o publicar amenazas. En el distrito de Kielce confiscaron un hacha a un estudiante de 16 años, mientras que en Szczytno arrestaron a otro joven que difundió un video enmascarado con un cuchillo asegurando que era una broma.
La ministra de Educación, Barbara Nowacka, explicó que la suspensión de clases respondió a decisiones de los gobiernos locales: “Los directores tienen autonomía y decidimos que esta es la mejor solución, porque el funcionario conoce cómo es el ambiente”, precisó la funcionaria.
El temor afectó a las familias y a la asistencia a las aulas. Dorota Czekaj, madre de cuatro hijos en Varsovia, expresó la inquietud ciudadana ante la difusión de violencia en redes: “El acceso ilimitado a este contenido nos desensibiliza socialmente; simplemente tenemos que responder con mayor firmeza”.
Meses antes de esta crisis, la Agencia de Seguridad Interna ya había advertido sobre la vulnerabilidad de los adolescentes. Su director, el coronel Rafał Syrysko, explicó el fenómeno: “La fuente de radicalización es la inmersión en un mundo de imágenes brutales. Esto funciona como un veneno administrado en pequeñas dosis”.
Las autoridades mantendrán las inspecciones en internet y realizarán reuniones de seguridad con directores escolares para frenar la proliferación de alarmas falsas. Las investigaciones judiciales determinarán si los menores detenidos responderán ante los tribunales de familia por sus acciones.
Frente al impacto generado en las aulas, la sociedad polaca observa el cruce entre la seguridad física y la exposición digital de los jóvenes. ¿Podrán las instituciones frenar la rápida propagación del pánico en las redes sociales?