Sospechas de compra de voluntades, denuncias cruzadas y el factor árabe
La jornada electoral estuvo atravesada desde temprano por una tensión feroz que los candidatos alimentaron minuto a minuto a través de sus teléfonos, aprovechando que las leyes locales no imponen veda proselitista durante el sufragio. Promediando la tarde, el primer ministro encendió las alarmas denunciando intentos de fraude, asegurando que tres dirigentes vinculados a partidos de origen árabe habían caído presos en el sur con sobres repletos de efectivo para torcer voluntades en los cuartos oscuros. Aunque los organismos de fiscalización aclararon que se trató de un hecho aislado que ni siquiera llegó a rozar las escuelas habilitadas, la jugada sirvió como combustible para que el oficialismo intentara movilizar a sus bases en las barriadas donde la participación venía remolona.
En ese tablero dividido con bisturí, las agrupaciones que representan a la minoría árabe del país vuelven a transformarse en los árbitros silenciosos de la contienda. Con un caudal que ronda entre dieciséis y dieciocho bancas sumadas, el peso de bancadas como Ra’am o la Lista Conjunta puede inclinar la balanza, aunque su inserción formal en cualquier acuerdo genera urticaria en ambos extremos del espectro político. Mientras los sectores ultranacionalistas de la coalición gobernante agitan el fantasma de una entrega soberana si la oposición negocia con estas bancadas, los asesores de Eisenkot prefieren esquivar una foto formal de gabinete con ellos, aunque en los pasillos admiten que podrían necesitar de su visto bueno tácito para desbancar definitivamente a Netanyahu del sillón de mando.
Un plebiscito sobre el futuro institucional y la herida abierta del conflicto
Para la ciudadanía que abarrotó los colegios electorales —superando holgadamente el setenta y cuatro por ciento del padrón total— la votación funcionó como un auténtico examen de conciencia sobre el rumbo del Estado. Decenas de miles de ciudadanos radicados en el extranjero tomaron aviones de apuro para votar, entendiendo que lo que estaba en juego en las cabinas era el alma misma del país: por un lado, la continuidad de un esquema de poder ultrarreligioso y conservador encabezado por un líder procesado por sobornos; por el otro, la promesa de una reconstrucción institucional de corte laico que promete una comisión investigadora para revisar a fondo las fallas de inteligencia y defensa ocurridas en los ataques de octubre de 2023.
La pulseada final quedó ahora en manos del presidente de la nación, quien en los próximos días deberá iniciar la ronda formal de consultas con todos los jefes de bancada para definir a quién le encomienda la misión de tejer alianzas. Si la matemática sigue sin cerrar y los vetos cruzados dinamitan cualquier intento de coalición, Netanyahu podría seguir en su cargo como jefe interino, estirando su permanencia en el poder mientras la sociedad procesa el desgaste de una campaña militar interminable y un aislamiento diplomático que no para de crecer.