El mapa aerocomercial argentino vive un cambio de paradigma histórico. Bajo la Disposición 46/2025, el Gobierno nacional habilitó formalmente a la empresa de bandera chilena a explotar servicios regulares y no regulares de pasajeros y carga dentro del territorio argentino. El dato técnico clave es la concesión de la novena libertad del aire, el grado máximo de apertura que permite a una aerolínea extranjera realizar vuelos entre dos puntos de un mismo país (cabotaje autónomo) sin necesidad de que el avión provenga o continúe hacia su país de origen.
Esta decisión se ampara en los acuerdos bilaterales de Cielos Abiertos firmados entre Argentina y Chile durante el último año. Desde el Ministerio de Economía justificaron la medida como una herramienta para “fomentar la competencia real” y presionar a la baja las tarifas aéreas. Al eliminar las barreras administrativas, Latam queda en igualdad de condiciones regulatorias que Flybondi o JetSmart, pudiendo reactivar rutas que históricamente operó, como Buenos Aires-Córdoba o Buenos Aires-Bariloche, con solo presentar su programación horaria ante la ANAC.
A pesar del aval oficial, la compañía mantiene una postura de prudencia comercial. Fuentes de Latam señalaron que, por el momento, no hay planes de reincorporar personal o aviones para basar una operación doméstica de gran escala en el corto plazo. No obstante, la autorización le permite realizar operaciones tácticas, como conectar dos ciudades argentinas en el marco de sus rutas internacionales (por ejemplo, hacer un tramo Mendoza-Buenos Aires antes de seguir hacia San Pablo), optimizando el uso de su flota de gran porte.
Junto con esta habilitación, también se autorizó a la aerolínea a operar la ruta Santiago de Chile – Buenos Aires – Río de Janeiro, permitiendo que pasajeros argentinos puedan subir o bajar en el tramo hacia Brasil. Esta flexibilidad operativa busca convertir a Buenos Aires en un nodo logístico regional más eficiente, eliminando las restricciones de escala que encarecían los pasajes y limitaban la oferta de asientos en temporada alta.
En definitiva, la vuelta de Latam al cabotaje es, por ahora, una victoria regulatoria más que un desembarco operativo masivo. Sin embargo, para los usuarios representa la promesa de una oferta más diversificada para el 2026. El Gobierno ha quitado el “candado” administrativo; ahora queda en manos del mercado y de la estrategia de la compañía definir cuándo volverán a verse los aviones de color coral uniendo las provincias argentinas de forma regular.