La tendencia “blokecore” consolida el uso de camisetas de fútbol retro combinadas con indumentaria formal, un fenómeno que une la nostalgia deportiva con el mercado de lujo y redefine el lenguaje visual de la Generación Z.
La tendencia “blokecore” consolida el uso de camisetas de fútbol retro combinadas con indumentaria formal, un fenómeno que une la nostalgia deportiva con el mercado de lujo y redefine el lenguaje visual de la Generación Z.

El surgimiento de una estética que fusiona el deporte con la moda urbana transformó la percepción de las camisetas de fútbol en el ámbito público. Bajo el nombre de blokecore, esta corriente propone integrar casacas deportivas, preferentemente de décadas pasadas, con prendas de sastrería, faldas plisadas o pantalones vaqueros.
La práctica, que tuvo su origen en las gradas de los estadios británicos durante los años 80 y 90, dejó de ser un uniforme exclusivo de los aficionados para convertirse en un referente del estilo contemporáneo.
La directora de marketing de la firma JD para el Sur de Europa, Gema de la Morena, señaló que los jóvenes de la Generación Z utilizan la moda como un código de identidad y pertenencia.
Según la especialista, esta tendencia traduce la cultura futbolística en un lenguaje estético que refleja actitud y comunidad. Aunque el término fue acuñado en 2021 por el creador de contenido Brandon Huntley, su expansión global se aceleró tras ser adoptado por celebridades como Rosalía, Dua Lipa y la modelo Bella Hadid.
La demanda de piezas históricas impulsó un mercado de segunda mano donde los precios pueden alcanzar las cuatro cifras. Gonzalo Pérez, responsable del comercio especializado CamiClásica, destacó que los diseños de los noventa resultan especialmente atractivos para los consumidores actuales. En este mercado, una prenda del Real Madrid de la temporada 1989/90 se comercializa por 725 euros, mientras que una del Borussia Dortmund del año 90 llega a los 425 euros.
Este fenómeno captó la atención de la industria de alta gama, propiciando alianzas entre marcas deportivas tradicionales y firmas de lujo como Gucci o Balenciaga. Un ejemplo de esta integración fue la aparición de la modelo Georgina Rodríguez, quien vistió una camiseta de competición junto a una falda de piel de la casa Valentino, evidenciando la versatilidad de una prenda que antes se limitaba al campo de juego.

La adopción masiva de esta indumentaria confirma la idea de que el fútbol mantiene una retroalimentación constante con la moda. Al vestir los colores de un equipo fuera de su contexto natural, el usuario realiza una declaración de identidad que mezcla lo cotidiano con lo extraordinario. El uso de artículos actuales o antiguos permite jugar con contrastes, logrando que el orgullo por un escudo se desplace desde la tribuna hacia las pasarelas urbanas.
La consolidación del blokecore plantea una reflexión sobre la durabilidad de los símbolos culturales frente a los ciclos del consumo. Si bien la moda suele ser cíclica, la profunda conexión emocional que genera el deporte podría otorgarle a esta tendencia una permanencia mayor que la de otros estilos pasajeros.
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