La política argentina parece haber recuperado un viejo vicio de la televisión: elegir primero al conductor y pensar después qué programa hacer. El problema es que un país no puede construirse alrededor de un candidato.
La política argentina parece haber recuperado un viejo vicio de la televisión: elegir primero al conductor y pensar después qué programa hacer. El problema es que un país no puede construirse alrededor de un candidato.
El periodismo argentino despide a Rodolfo Pousá, histórico referente de la televisión informativa que falleció a los 85 años. Con una trayectoria de más de cinco décadas, dejó su impronta como gerente de noticias de Canal 13 y presidente de la agencia de noticias Télam.
Clarín retomó la vieja leyenda del “diario de Yrigoyen” para describir tensiones en el gobierno de Milei. La metáfora, nacida en campañas de deslegitimación de 1930 y nunca probada, revela más sobre hábitos periodísticos que sobre la realidad presidencial.
Manuel Quintar estaciona su Tesla Cybertruck en el Congreso en medio de un ajuste brutal: una imagen de ostentación que choca con el discurso anticasta del oficialismo. Mientras millones luchan por sobrevivir, otros viven insensibilizados ante el dolor social argentino.
Más de 20.000 pymes cerradas en dos años y el anuncio del cierre de Fate reavivan una frase que se repite como justificación del ajuste. Cuando el costo se mide en empleo, la discusión deja de ser técnica y se vuelve profundamente social.
Cuando la norma se vuelve opcional, las reglas se desgastan.
El saludo de Año Nuevo se repite cada año, aunque pocas veces describe la realidad. Se dice casi por inercia, incluso cuando el cambio de calendario no modifica la vida de millones de personas que siguen atrapadas en la violencia, la pobreza o la falta de oportunidades.
En la Argentina, donde las promesas se diluyen y los compromisos se relativizan, recuperar el peso de la palabra puede ser el primer paso para reconstruir la confianza perdida.
El fanatismo, en política o fútbol, anula el pensamiento crítico y destruye el debate. Convierte a las personas en fieles incapaces de cuestionar a sus líderes. Recuperar la sensatez y los matices es vital para la convivencia y el progreso social.
La historia argentina parece volver, una y otra vez, sobre el mismo dilema: ¿puede gobernarse un país tan complejo sin escuchar al otro? El actual presidente, Javier Milei, ha hecho de esa pregunta su campo de batalla. Desde su llegada al poder, eligió el ruido antes que la conversación, el monólogo antes que el acuerdo.