El diputado libertario Manuel Quintar y la política de la ostentación

Manuel Quintar estaciona su Tesla Cybertruck en el Congreso en medio de un ajuste brutal: una imagen de ostentación que choca con el discurso anticasta del oficialismo. Mientras millones luchan por sobrevivir, otros viven insensibilizados ante el dolor social argentino.

Hay dirigentes políticos que no necesitan hablar para revelar su verdadera concepción del poder. A Manuel Quintar le alcanzó con estacionar una Tesla Cybertruck en el Congreso de la Nación, en medio de una Argentina sometida a un ajuste feroz y cotidiano.

La imagen de Manuel Quintar fue mucho más que una excentricidad. Fue una postal brutal de época.

Mientras millones de personas reorganizan su vida alrededor de la pérdida de ingresos, la caída del consumo y la incertidumbre económica, Manuel Quintar eligió exhibirse arriba de uno de los vehículos más ostentosos y exclusivos del mercado mundial. Manuel Quintar no protagonizó un simple error de cálculo: protagonizó una demostración de insensibilidad política.

La discusión alrededor de Manuel Quintar no pasa por el derecho a tener dinero o bienes. En democracia, eso no debería escandalizar a nadie. El problema empieza cuando Manuel Quintar pierde toda dimensión simbólica de sus actos y convierte el Congreso —la institución donde deberían debatirse los problemas de la mayoría— en el escenario de una exhibición personal de lujo y poder económico.

La contradicción de Manuel Quintar se vuelve todavía más evidente porque pertenece al espacio político que llegó al gobierno prometiendo terminar con los privilegios, la desconexión de la dirigencia y los excesos de “la casta”. La imagen de Manuel Quintar entrando al Congreso en una Cybertruck choca de frente contra ese discurso.

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Porque mientras desde el oficialismo se repite que “no hay plata”, Manuel Quintar aparece manejando un vehículo valuado en cifras millonarias para cualquier estándar argentino. Y cuando esa distancia entre discurso y realidad se vuelve tan obscena, la política empieza a perder legitimidad incluso entre quienes la apoyan.

No sorprende que Manuel Quintar haya generado incomodidad dentro del propio oficialismo. Cualquier dirigente con mínima sensibilidad pública entendía de antemano el impacto de esa imagen. Manuel Quintar no lo entendió. O no le importó. Ambas opciones son preocupantes.

La política no se degrada solamente por corrupción, escándalos judiciales o privilegios económicos. También se degrada cuando dirigentes como Manuel Quintar naturalizan la ostentación en medio del deterioro social. Cuando dejan de percibir cómo vive la sociedad a la que representan. Cuando confunden representación con exhibición.

La Cybertruck de Manuel Quintar probablemente termine siendo apenas una anécdota más dentro de la velocidad frenética de la agenda argentina. Pero la imagen de Manuel Quintar llegando al Congreso en un vehículo de lujo futurista mientras el país real hace cuentas para llegar a fin de mes ya quedó instalada como una de las escenas más contradictorias e insensibles del oficialismo.

Difícil encontrar una metáfora más precisa de la Argentina desigual y desconectada que dirigentes como Manuel Quintar siguen construyendo.

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