El Tesoro enfrenta un vencimiento récord y prueba el apetito del mercado

Finanzas ofrece un menú amplio pero en un contexto adverso y evalúa premios para asegurar rollover

Clima a favor para Caputo.
Luis Caputo analiza la deuda pública en febrero 2026. Foto: Web.

La primera licitación de deuda en pesos del 2026 aparece como una de las más desafiantes del año para el Ministerio de Economía. Este miércoles, la Secretaría de Finanzas deberá renovar vencimientos por un total cercano a los $9,4 billones, en un contexto de tasas que comenzaron a tranquilizarse tras semanas de tensión, pero donde el Tesoro necesitará captar demanda genuina para asegurar un rollover elevado.

La operación involucra vencimientos con privados por aproximadamente $7,5 billones, lo que obliga al Gobierno a desplegar un menú amplio de instrumentos para seducir a inversores con perfiles distintos. Entre los títulos ofrecidos se incluyen Lecap, Boncap, Lecer, Boncer, Letamar y un bono dólar linked, además de opciones ajustadas por CER que permiten cobertura frente a la inflación.

Según analistas del mercado, si bien las condiciones financieras muestran señales de normalización, es probable que el Tesoro deba convalidar algún “premio” respecto de los precios del mercado secundario para garantizar una renovación cercana al 100%. Desde la consultora Rava señalaron que la estrategia oficial podría apuntar a atraer fuerte participación en el tramo corto de la curva, evitando validar tasas demasiado elevadas en plazos largos.

En esa línea se expresó también Delphos Investment, que anticipó que el Gobierno buscará concentrar adjudicaciones en instrumentos de corto plazo. El stock de pesos del Tesoro depositado en el Banco Central se ubica en torno a $2,3 billones, un nivel considerado limitado frente al tamaño del vencimiento. Esa restricción obliga a lograr una refinanciación prácticamente total para no generar tensiones adicionales sobre el programa financiero.

La licitación llega en un momento en que las tasas en pesos, especialmente en los tramos más cortos, comienzan a reflejar cierta estabilización luego de un período de falta de liquidez. Un dato relevante es que la caución se ubicó en torno al 26,8% de TNA, señal de un sistema más holgado que semanas atrás. Sin embargo, esto no elimina la necesidad de incentivos en la parte corta de la curva, donde se concentra el apetito inversor.

Los especialistas también remarcan una diferencia clave con la licitación previa: en aquella ocasión, una parte importante de los vencimientos correspondía a un bono TAMAR aplicable a encajes, lo que prácticamente obligaba a los bancos a participar. En esta oportunidad, la demanda dependerá en mayor medida de inversores privados sin esa presión regulatoria.

En cuanto al menú de títulos, el Tesoro volvió a limitar la oferta de bonos a tasa fija de plazos largos. El instrumento más extenso dentro de ese segmento es el T15E7, mientras que en la licitación anterior una parte del tramo largo quedó incluso sin adjudicar por falta de interés y por la negativa oficial a pagar tasas más altas.

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