El mundo emprendedor y gastronómico de la Argentina despide a una de sus figuras más carismáticas. Juan Carlos “Cacho” Elías, cofundador de la emblemática churrería El Topo, murió a los 85 años. La noticia, confirmada por la propia empresa a través de sus canales oficiales, marca el fin de una era para la compañía que nació a fines de los años 60 en la Costa Atlántica y logró consolidarse como una marca de culto que hoy trasciende generaciones.
La historia de El Topo es un fiel reflejo de la resiliencia argentina. En 1968, tras un accidente de tránsito que los obligó a abandonar su trabajo como cadetes, Elías y Hugo Navarro decidieron probar suerte en el rubro de la pastelería frita. Luego de intentos fallidos en Buenos Aires, apostaron por una Villa Gesell en pleno auge turístico. Allí abrieron su primer local, apodado “la madriguera”, con una estrategia de marketing rudimentaria pero brillante para la época: colocar la palabra “churros” escrita al revés en el cartel para captar la atención de los veraneantes.
Lo que comenzó con una oferta tradicional de dulce de leche y crema pastelera se transformó, bajo la visión de Elías, en un laboratorio de sabores. Tras la crisis de 2001, la marca inició una expansión de su menú que incluyó chipá y bolas de fraile, pero el verdadero hito fue la incorporación de rellenos salados. El churro de roquefort, inicialmente resistido, terminó convirtiéndose en el sello distintivo de la casa, abriendo paso a versiones de leberwurst, aceituna y jamón y queso.
A partir de 2009, la empresa desembarcó en la Ciudad de Buenos Aires, abriendo su primer local en Palermo y expandiéndose luego por otros barrios porteños y localidades como Pinamar y Cariló. Sin embargo, el salto definitivo a la masividad contemporánea ocurrió en 2020, cuando la marca se volvió viral en redes sociales. Su tono descontracturado y su interacción con la comunidad —a la que llaman “sapiens”— le permitieron cosechar más de 127.000 seguidores en X (ex Twitter) y posicionarse como un referente para el público joven.
En señal de duelo, la histórica sucursal de la calle 83 en Villa Gesell permanecerá cerrada durante el resto del verano. Los hijos de los fundadores, quienes hoy llevan las riendas del negocio, despidieron a “Cacho” recordándolo como el hombre de las “ideas locas” y el trabajador incansable que supo transformar una necesidad económica en un clásico indiscutido de la mesa argentina.