El sistema judicial y político de Alemania enfrenta una demanda creciente de actualización legislativa tras el escándalo que involucra a la actriz Collien Fernandes y al productor Christian Ulmen.
Fernandes, de 44 años, acusó a su expareja de suplantar su identidad en internet y difundir imágenes de contenido sexual explícito creadas mediante inteligencia artificial (IA).
El caso impulsó a más de 13.000 personas a congregarse este domingo en la Puerta de Brandeburgo, en Berlín, bajo consignas que exigen el fin de la impunidad en delitos informáticos.
La controversia escaló luego de que la revista Der Spiegel publicara el testimonio de la actriz, quien afirmó que Ulmen utilizó herramientas digitales para acosarla y contactar a cientos de hombres bajo su nombre.
Christian Schertz, abogado del productor, rechazó las acusaciones y calificó la cobertura mediática como inadmisible por basarse en sospechas y hechos que considera falsos. Mientras tanto, Ulmen mantiene una postura de silencio público y se ampara en la presunción de inocencia.
Paralelamente, la ministra de Justicia, Stefanie Hubig, anunció en el parlamento que el Gobierno trabaja en un proyecto de ley que tipificará la creación de deepfakes pornográficos como delito.
La propuesta legislativa contempla penas de hasta dos años de prisión y busca otorgar a las víctimas herramientas legales para identificar titulares de cuentas y bloquear contenidos de forma expedita. Hubig enfatizó que la violencia digital no debe ser tolerada como un modelo de negocio para las plataformas tecnológicas.