La estabilidad inflacionaria que la Argentina logró sostener durante el primer bimestre de 2026, con un sólido 2,9% mensual tanto en enero como en febrero, enfrenta ahora su desafío más complejo. El próximo martes, el INDEC dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, un número que el mercado observa con lupa para determinar si el país podrá esquivar la tendencia de aceleración que ya se manifestó en el resto del planeta.
El motor de esta nueva preocupación es nítidamente externo: el conflicto bélico en Medio Oriente. La volatilidad extrema en el Estrecho de Ormuz y la escalada de tensiones entre las potencias han reconfigurado el mapa de costos globales. En marzo, el barril de crudo Brent —referencia ineludible para el mercado local— cerró con un incremento mensual del 63%, alcanzando los USD 118,35. Este salto impactó de inmediato en la logística y la energía, las dos venas principales por donde se traslada la inflación a los bienes de consumo masivo.
El escenario global: marzo fue el mes del “quiebre”
Los datos que llegan desde el exterior no son alentadores. La tendencia de desaceleración que venía mostrando la economía mundial se revirtió bruscamente en el tercer mes del año.
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Estados Unidos: Registró un salto del 0,4% en febrero al 0,9% en marzo, impulsado casi exclusivamente por el rubro energético.
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Chile: El país trasandino reportó un incremento del 1% mensual.
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Brasil y México: Ambas economías mostraron curvas ascendentes, con registros del 0,88% y 0,86% respectivamente, superando con creces sus marcas de febrero.
Incluso en la Ciudad de Buenos Aires, el indicador local (Idecba) ya marcó el camino con un 3,0% para marzo, confirmando una leve aceleración respecto al 2,6% del mes previo. La gran incógnita es si el promedio nacional logrará mantenerse cerca de esa cifra o si el impacto del combustible en el interior del país —donde los precios en surtidor ya superan los $2.000— empujará el índice hacia arriba.
La estrategia argentina: amortiguadores y postergación fiscal
A diferencia de otras economías que trasladaron el impacto del crudo de forma directa, la Argentina implementó un sistema de defensa para mitigar el shock. Conscientes de que una suba desmedida en los combustibles paralizaría un consumo ya castigado, las petroleras y el Gobierno activaron dos mecanismos clave:
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El “Amortiguador” de 45 días: Las principales operadoras del sector (YPF, PAE, Raízen, Trafigura, Tecpetrol y Pluspetrol) acordaron congelar los precios en surtidor desde el 1 de abril por un mes y medio. Para lograrlo, utilizan el valor del crudo de marzo como referencia interna, absorbiendo la diferencia con el precio internacional en una cuenta compensadora. Según YPF, la compañía solo ha trasladado un tercio del aumento real del Brent al consumidor final.
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Alivio impositivo: El Gobierno resolvió postergar la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono. Esta decisión fiscal funcionó como un dique de contención para evitar que la carga tributaria sumara presión a una estructura de costos ya estresada por la guerra.
Ranking de surtidores: ¿Cómo quedó Argentina?
Un relevamiento de Global Petrol Prices ubica a la Argentina en el puesto 24 de 124 países con mayores aumentos de naftas desde que se desataron las hostilidades. Con una suba acumulada del 23,8%, el país se posicionó por encima de Brasil (7,6%) y Paraguay (7,9%), pero significativamente por debajo de Estados Unidos (31,1%) y Perú (35,6%).
Expectativas para el martes
Los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectan que el IPC de marzo se ubicará en torno al 3%. De confirmarse, sería un éxito relativo para la gestión económica, indicando que las medidas de contención lograron disociar el índice local del caos internacional.
Sin embargo, el horizonte no está despejado. La persistencia de las minas en el Mar Rojo y el bloqueo de Ormuz mantienen el petróleo en niveles de alerta. Aunque el INDEC logre reportar un número bajo el martes, la sombra de la energía seguirá acechando los precios de abril y mayo, recordándonos que, en una economía globalizada, el ruido de los tambores de guerra en Oriente se siente, tarde o temprano, en las góndolas del supermercado de la esquina.