marta dillon es “reemplazable”

La mujer que transformó el estigma en bandera desafía con su biografía el rótulo de lo prescindible. Entre el aire de las redacciones bohemias y la urgencia de interrumpir la “crueldad neofascista”, una charla con una cronista fundamental de nuestra época.

Marta Dillon
Marta Dillon

A la hora de hablar sobre militancia, Marta Dillon es una referencia ineludible. Parte fundacional del colectivo #NiUnaMenos, figura importante dentro de la agrupación H.I.J.O.S, autoridad indiscutible para visibilizar los derechos LQBTIQ+ y derribar los estigmas de vivir con el virus del V.I.H, Marta se ha ganado un lugar entre las próceres del activismo nacional. Además, es escritora, poeta y periodista. Efectivamente, su vida está compuesta de varias vidas en una.

El 23 de abril durante el comienzo de la edición 50° de la Feria Internacional del Libro, la ex Página12 y actual columnista de El Destape fue viral en redes sociales. El motivo: poner el cuerpo. En el video que circuló y la volvió tendencia en “X”, se la ve sosteniendo una pancarta con la insignia “¿Hasta cuándo nuestros libros junto con Martínez de Hoz y la Sociedad Rural?” haciendo referencia directa al controversial pabellón con el nombre del dictador, e indirecta al rol de los terratenientes asociados durante la última dictadura cívico militar.

El cántico del auditorio al ritmo de “asesinos, asesinos” no frenó al patovica que le arrebató el cartel. Ella forcejeó con el grandote y lo perdió, pero esos once segundos bastaron para colocar su consigna nuevamente en boca de todos. Igualmente, su postura al respecto es autocrítica: “El video fue viral pero tampoco nosotras supimos repartir volantes, decir qué buscábamos allí. Falló la comunicación de la acción” reflexiona.

La entrevista para reconstruir su perfil, iba a comenzar con las típicas preguntas sobre la infancia y primeros pasos, pero el video obligó a dar inicio con una nueva: ¿Qué te motiva a semejantes actos, no te cansas? Y su respuesta fue concisa: “En el mundo, estamos en un momento de una acumulación de cansancio importante, pero la posibilidad de accionar con otres [SIC] me renueva la energía. Sostener la voluntad de protestar y de interrumpir este ciclo de crueldad neofascista, como sea, cada vez que se pueda, es lo único que me da vida y me carga las baterías, igual que cuando nos movilizamos”.

Marta y su historia

Nacida en el barrio de Flores, Marta es hija de la maestra y abogada salteña, Marta Angélica Taboada de Dillon, también militante pero del grupo armado revolucionario FR-17. Debido a la clandestinidad, la familia se debió mudar a Moreno donde Marta (hija) pasó su infancia. En 1976 la mamá fue secuestrada y asesinada por el terrorismo de Estado y la niña de once años se tuvo que ir a vivir a Mendoza. A partir de allí, su vida cambió por completo… o más bien, comenzó a cambiar para siempre. Además de poner el cuerpo, una de sus principales virtudes es la pluma y fue en la provincia cuyana donde dió sus iniciales pasos en la profesión que anhelaba, específicamente en Radio Nacional Mendoza: “Cerdos y Peces me inspiró a querer estudiar periodismo” admite.

En su regreso a Buenos Aires, Marta vivió en la zona sur de la ciudad y comenzó a trabajar de secretaria aunque rápidamente se convertiría en redactora del Diario Sur. La experiencia es rememorada sonrientemente: “fue la última redacción bohemia donde sonaban las máquinas de escribir, donde pedíamos café con el vasito de agua para poder ponerle ginebra después; inclusive elegí la sección de policiales para estar con gente aún más bohemia y andar por los barrios bajos. Imaginate que movimos la redacción al bar de enfrente”.

Un tiempo después, pasaría a formar parte de Página 12 donde escribió su capítulo más largo. Creadora de míticos suplementos como “Las 12”, “Convivir con Virus” y “SOY”, Marta tocó temáticas difíciles de abordar desde el periodismo noventoso y lo hizo con altura, ingenio y profesionalismo. Le dió al diario fundado por Jorge Lanata una impronta única pero su despedida no fue en buenos términos: “estuvo buenísimo entrar, pero siempre cobré mucho menos de lo que debería haber cobrado, es la gracia de Página 12, ¿no?” recuerda con acidez y agrega: “La peor experiencia en un trabajo fue cuando en ese periódico me dijo su director Hugo Soriani, ya fallecido, que si yo me jubilaba, era igual de reemplazable que cualquiera”.

Aparecida, la crónica de Dillon que cuenta cómo fue encontrar los huesos de su madre
Aparecida, la crónica de Dillon que cuenta cómo fue encontrar los huesos de su madre

La lamentable anécdota no se dió en épocas de inteligencia artificial, aunque la autora de los libros “Aparecida” y “Vivir con Virus” también sostiene una postura crítica sobre esta tecnología. Reconoce que la automatización de ciertos trabajos burocráticos es un aporte, no ve ninguna potencia en esta tecnología. Al contrario, advierte sobre una creciente suplantación de los sujetos por los no sujetos ya que la IA es “un aparato de guerra al servicio de la timba financiera. Es puro individualismo, aislamiento, rompe lazos comunitarios”.

En este punto surge la versión filósofa de Dillon. El acto de pensar es otra de las habilidades de la escritora y reflexiona sobre la actualidad global al vislumbrar un punto de fuga en la interrupción del consumo. Sin embargo, previene: “No es lo mismo hablar de la necesidad de interrumpir desde Europa, que pensarlo desde Sudamérica; ni siquiera podemos consumir tanto nosotres y por supuesto hay algunos filósofos como Bifo Berardi que hablan de desertar, en Europa también se habla de la merma pero me quedo con María Moreno para hablar de eso”.

Sobre la realidad sudamericana y en específico la de nuestro país, también divisa posibles respuestas ante la violencia política estatal. Si bien diagnostica cierta pacificación de nuestras fuerzas políticas, de nuestra imaginación militante, ve una posible respuesta en la acción; una vez más, en poner el cuerpo: “pelear contra la policía o decir -me van a sacar a patadas-. Y no, no me vas a sacar sin que yo te dé pelea; a veces eso está un poco demorado en nuestros imaginarios. Como si ves a jubilados y jubiladas los miércoles”

Marta Dillon es reemplazable pero también imprescindible
Marta Dillon es reemplazable pero también imprescindible

La acción, para Marta, no debe ser individual. Al referirse a la colectivización, no sólo apunta a la unión entre pares militantes o de afinidad ideológica; también propone generar lazos entre clases y generar préstamos e intercambios con las protestas de los pueblos en el hemisferio norte. Las manifestaciones en Minneapolis, por ejemplo, tienen más en común de lo que pensamos con los miércoles de nuestros jubilados o las marchas federales por la educación.

Según Dillon, la madre de las disputas está en el tiempo de ocio y en nuestro país, lo acaban de asesinar por ley con la reforma laboral. Ella misma reconoce tener cada vez menos ratos libres: “tengo el proyecto de lanzar un libro de poemas este año pero no sé si voy a llegar”. Y ante la consulta sobre la diferencia de los tiempos entre la literatura y la periodismo, indica: “Son tiempos y disponibilidades corporales, subjetivas y emocionales distintas. La verdad es que los últimos años de Milei vienen siendo muy agotadores en el sentido del intento permanente de querer contar, de escuchar, de tratar de entender, de diagnosticar; esa posibilidad me la da el periodismo. La posibilidad que viene también cargada de exigencia”.

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Al igual que a Las12, Marta dejó la militancia en el #NiUnaMenos en 2022 y actualmente se encuentra en la columna Mostri, un espacio político-callejero de activismo cuir (queer), transfeminista y antifascista en Argentina, surgido como respuesta al odio y disciplinamiento social. Dentro del mismo tiene un grupo más chiquito de pertenencia denominado CRI, que quiere decir “Comité de Revolución Imaginaria”. Igualmente, se declara autónoma de la política partidaria. Para ella la militancia está en otro lado.

La entrevistada también es conductora del programa de streaming Pasamos Todes por Brandon TV y docente de la Escuela Antipunitivista Yonofui. Es mamá de Furio y Naná y aunque no parezca, su día también tiene veinticuatro horas terrestres y no, no vivió cien años. Marta en este mundo, como todos, es reemplazable; pero su cuerpo, su mente, su pluma, son fundamentales e imprescindibles.

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