Un grupo de investigadores internacionales identificó una colosal estructura geológica con forma de abanico oculta bajo la capa de hielo de la Antártida Oriental. El hallazgo científico, publicado originalmente en la prestigiosa revista especializada Nature Geoscience, revela cómo una violenta deformación de la corteza terrestre modeló el continente antes de la fragmentación del supercontinente Gondwana.
Los datos clave del hallazgo subglacial:
30 cuencas morfológicas en forma de V componen esta provincia geológica subterránea.
3.000 metros de profundidad bajo el hielo se ubica el epicentro de la investigación.
28 metros de elevación global del mar equivalen a la masa de hielo acumulada en la zona.
La investigación geofísica determinó que la denominada Provincia de Cuencas en Abanico abarca aproximadamente la mitad de la base de la región oriental del continente blanco. Los mapas digitales detallan que estas fracturas nacen en la Bahía Prydz, cruzan las Montañas Transantárticas y convergen directamente cerca del Polo Sur, emulando la apertura de un abanico de mano tradicional.
El análisis detallado del relieve oculto a miles de metros permitió confirmar que la estructura cuenta con más de 30 cuencas alineadas en dirección norte-sur. Estas formaciones presentan una fisonomía en forma de V que, según los expertos, no podría haberse generado por la simple erosión de los hielos o por la acción de rifts marinos convencionales.
El impacto tectónico que separó a los continentes
Los modelos geológicos presentados indican que este fenómeno de extensión rotacional ocurrió hace más de 100 millones de años, transformando para siempre la geografía del hemisferio sur. Este desplazamiento de las placas generó el levantamiento de las Montañas Gamburtsev al oeste y creó la debilidad litosférica que provocó la separación definitiva entre la Antártida y Australia.
La asimetría en el desarrollo de este abanico de proporciones subcontinentales estuvo fuertemente condicionada por la unión de bloques intracontinentales preexistentes. Las fallas circulares resultantes, llamadas cinturones de cizalla, actúan hoy como límites físicos que alteran la fisonomía del lecho de roca y redirigen las fuerzas internas del terreno.
Para validar la hipótesis, el equipo liderado por el científico Egidio Armadillo utilizó reconstrucciones digitales avanzadas del relieve subglacial y datos de ondas sísmicas de alta precisión. Las lecturas de los sensores detectaron una corteza notablemente laxa bajo las cuencas Wilkes y Aurora, acompañada por un elevado flujo de calor geotérmico en el manto superior.
Una guía natural para los glaciares actuales
Más allá de su valor histórico, la monumental provincia subglacial detectada cumple un rol crítico en la estabilidad climática del planeta en este 2026. Las profundas depresiones creadas por la antigua actividad tectónica funcionan en la actualidad como verdaderas canalizaciones que guían el curso de glaciares colosales como el Lambert, el Totten y el Denman hacia el océano.
Los autores del artículo técnico advierten que la fisonomía de este abanico de piedra influye directamente en la vulnerabilidad del manto de hielo frente al calentamiento. Conocer los valles ocultos permite a los meteorólogos predecir con mayor exactitud el comportamiento de las masas heladas y su potencial impacto sobre el nivel del océano mundial.
Las fases exactas de esta extensión terrestre contiúan bajo riguroso análisis de laboratorio, aunque se estima que sufrieron reactivaciones geológicas durante la era del Cenozoico. De este modo, el abanico oculto deja de ser un misterio prehistórico para consolidarse como la llave para entender el futuro ambiental del ecosistema antártico global.