Por qué los perros muerden su cama y cómo evitarlo

Ante el destrozo sistemático de cojines y mantas en el hogar, expertos en comportamiento animal descartan la rebeldía y apuntan a factores biológicos o ansiedad por separación. Redirigir el hábito con mordedores y optimizar la higiene resultan claves.

Masticar, arrastrar o desarmar los cojines de descanso constituye una de las conductas más frecuentes en los caninos domésticos y una de las principales fuentes de consulta para los especialistas en comportamiento animal.

Aunque este hábito suele interpretarse de forma errónea como un acto de rebeldía o un intento de sabotaje por parte de la mascota, la etología clínica demuestra que responde a factores biológicos, ambientales o de desarrollo perfectamente identificables.

Factores biológicos y pautas de desarrollo

Especialistas en adiestramiento explican que la masticación es una necesidad natural para la especie. Durante la etapa de cachorro, que abarca hasta los quince meses según la raza, la salida de los dientes definitivos genera una inflamación en las encías que el animal intenta mitigar mediante la presión sobre texturas blandas. En estos casos, la cama se transforma en un objeto de exploración táctil debido a su accesibilidad y consistencia.

Paralelamente, en ejemplares adultos, el hábito de rascar, dar vueltas o morder levemente los bordes antes de tumbarse forma parte de un instinto ancestral orientado a acondicionar el terreno para el sueño, conocido comúnmente como “hacer nido”. Si el animal se estabiliza y duerme plácidamente tras este ritual, los expertos señalan que no existe motivo de alarma.

El entorno como detonante del estrés

Diferentes análisis revelan que la destrucción sistemática del mobiliario propio suele estar vinculada a estados emocionales negativos como el aburrimiento prolongado o la intolerancia a la frustración.

Cuando un perro experimenta una reducción drástica en sus tiempos de ejercicio físico o carece de desafíos mentales cotidianos, acumula una cantidad de energía que canaliza a través del destrozo de materiales.

Asimismo, la ansiedad por separación se posiciona como una causa crítica. Aquellos ejemplares que no han desarrollado herramientas de autonomía sufren crisis nerviosas al quedarse solos en la vivienda, recurriendo a la masticación compulsiva de mantas y cojines como un mecanismo disfuncional de autorregulación para quemar el malestar.

Estrategias de habituación y diseño

Especialistas recomiendan evitar por completo los castigos extemporáneos o las reprimendas verbales, puesto que incrementan los niveles de cortisol y empeoran el cuadro de estrés.

La intervención debe enfocarse en la redirección pacífica hacia juguetes interactivos o mordedores de alta resistencia, recompensando siempre las conductas de calma cuando el animal utiliza el espacio de manera adecuada.

Modificar las rutinas diarias mediante paseos de olfato de calidad y asegurar una higiene óptima del textil —utilizando fundas lavables y desenfundables para eliminar olores estimulantes— contribuye a estabilizar el entorno.

No obstante, cuando las conductas adquieren un carácter compulsivo o implican la ingesta peligrosa de materiales como espuma o tela, la consulta inmediata con un etólogo profesional se vuelve indispensable para garantizar la salud del animal.

 

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