En las grietas de la industria musical latinoamericana, donde la difusión suele estar condicionada por abultados presupuestos de prensa y contratos corporativos, el periodismo cultural de trinchera encuentra sus propios cauces de supervivencia. En el centro de la renovación de la escena alternativa de Buenos Aires emerge la figura de María Road (“Mery The Roadie”), creadora y directora de INTERZINE, un medio independiente que nació como un boletín de novedades diarias y se transformó en una plataforma de referencia para el underground de Sudamérica y Europa.
Al definirse a sí misma ante el mundo, Mery no duda en apelar al concepto cinematográfico del “buscavidas” —aquel sujeto que apela a cualquier recurso honesto para salir adelante—: «Soy un poco una buscavidas en la música porque, o por charlas o por esto o por lo otro, sobrevivo. De todas las maneras trato de poner, a veces desde el rol de periodista, a veces como productora, e impulsar la música en la que creo, que es el rock alternativo actual». Su trayectoria sintetiza la tensión constante entre la precariedad de la clase trabajadora, la pasión melómana y la necesidad de registrar la fuerza de un movimiento generacional.
La ética de la buscavidas: Orígenes y periodismo empírico
El ingreso de Mery The Roadie al ecosistema de los medios no respondió al camino académico tradicional. Sin pretensiones iniciales de ejercer la profesión, Mery mantenía la costumbre orgánica de reseñar discos y recomendar canciones en sus redes sociales. La consolidación de su rol ocurrió de manera involuntaria hacia mediados de 2022: «Yo tenía la costumbre, que me salía del alma, de siempre compartir música y hacer reseñas de lo que me gustaba, sin pensarlo como un trabajo. Hasta que en 2022, para el Día del Periodista, me empezaron a saludar un montón de personas y dije “ah, bueno, entonces debo ser periodista”». Aquel reconocimiento colectivo evidenció que su labor ya cumplía una función pública dentro de un circuito nuevo que carecía de cronistas dedicados.
El estallido de 2022: Ruptura estética y nacimiento de INTERZINE
El año 2022 representó un quiebre tectónico para la música independiente porteña. Tras años dominados por la vertiente del indie tradicional o “palermitano” de la década de 2010 —, emergió una camada joven con un sonido sensiblemente más abrasivo. Agrupaciones como Winona Riders, Sakatumba, Nenagenix, Mujer Cebra y Buenos Vampiros catalizaron un fenómeno caracterizado por la urgencia del vivo, la influencia del rock alternativo y/o del post-punk y el pop nostálgico, y una mística de convocatoria basada en el boca en boca.
Mery vivió esa eclosión desde el centro del pogo: «Ver eso a mí me volvió loca, ver la emoción del público y cómo el boca en boca lo volvía un poco más mítico, más místico. Yo me tiraba de pies, me colgaba de las paredes para ver estas bandas». El impacto fue también generacional: «Me sorprendió un montón escuchar a pibes de mi edad, locales, haciendo ese sonido por el que me apasioné toda mi vida. La oportunidad estaba pasando acá, delante de mis ojos».
Ante el desinterés de los medios masivos, Mery concibió INTERZINE. «Estas bandas no estaban en todos lados. Si aparecía una en algún medio era porque había una campaña de prensa o pasaba algo en particular. Entonces dije: “voy a hacer mi propia revista” para levantar las novedades diarias de las bandas que merecían visibilidad y no esperar años a que sean tapa en un medio grande». En alianza con fotógrafos y colaboradores independientes, el proyecto cobró vida con portadas, sesiones fotográficas profesionales y coberturas diarias, otorgando legitimidad histórica a un movimiento que crecía al margen de la prensa hegemónica.
A cuatro años del estallido inicial, la escena alternativa porteña atravesó una rápida profesionalización. Agrupaciones que comenzaron gestionándose de forma 100% autónoma migraron hacia estructuras con sellos independientes. «Hoy la mayoría de las bandas que empezaron en recintos chicos crecieron y tienen otra estructura», analiza Mery, aunque advierte sobre el impacto del bolsillo y la sobreoferta de fechas: «Opino que debería haber un poco menos de fechas y una mejor comunicación entre todos. La oferta diaria que hay es enorme y el público está segmentado; no podemos ser siempre los mismos 200 boludos viendo a dónde ir. Hay que hacer que esto llegue a más gente».
Paralelamente, la proliferación de micro-medios independientes puso de manifiesto las dificultades de sostener proyectos editoriales en el tiempo. La exigencia de generar contenido diario sin financiamiento comercial provoca un paulatino agotamiento en los creadores. «Hacer la revista lleva un compromiso y una diligencia diaria que quema. A los medios chicos les diría que busquen realmente un tono de voz propio, una curaduría propia y que no hagan fila atrás de otros. Lo que marca la diferencia es lo original».
Cartografía global: Del sudamericanismo al circuito transatlántico
Con el paso del tiempo, INTERZINE expandió sus fronteras editoriales para conectar la actualidad porteña con las corrientes subterráneas del resto del mundo. Bajo una marcada convicción sudamericanista, Mery ha posicionado su plataforma como un puente de difusión para la prolífica escena independiente chilena y mexicana. «Hoy en día estoy muy sudamericanista porque lo que está pasando en Chile es fascinante: son bandas que me encantan y lo están haciendo increíble».
En el plano extracontinental, el fenómeno del post-punk local guarda un paralelismo directo con la vertiente británica e irlandesa representada por Fontaines D.C., IDLES o Shame. Más que una réplica formal, esta coincidencia responde a una respuesta generacional ante condiciones socioeconómicas adversas. En la actualidad, el radar curatorial de Mery se enfoca en la vanguardia de Copenhague: «A mí me emociona cuando veo que hay una determinada corriente o escena. La que me llama mucho la atención es la de Copenhague: un movimiento de pop experimental, dream pop y jazz vanguardista, donde la mayoría son mujeres egresadas de la misma escuela de música».
Intimidad, financiamiento y el lado B de la industria
El valor diferencial acumulado por INTERZINE reside en el desmontaje de la barrera tradicional entre el cronista y el artista. A través de una convivencia cotidiana y transparente, Mery ha construido relaciones de confianza con agrupaciones locales e internacionales. «Haber logrado ganar la confianza de esas bandas es algo que valoro profundamente. Darte cuenta de que traspasé ese umbral de periodista y puedo sentarme a tomar unos mates y que me cuenten sus intimidades con bandas como Black Midi, Viagra Boys o Shame es algo que voy a agradecer siempre». Esta legitimidad le ha permitido financiar viajes autogestionados a plazas clave como Londres mediante el apoyo directo de su comunidad de lectores.
No obstante, el lado B del circuito independiente sudamericano continúa atravesado por la escasez estructural de financiamiento. Mery lo resume con crudeza e ironía: «En Londres cualquier boludo que toca la guitarra ya está fichado por Rough Trade y aparece en la NME. Acá tenés que luchar, hacer ruido, golpearte una cacerola en la cabeza, y aún así sigue sin haber plata, incluso cuando hay gente y empresas que la tienen».
La reconstrucción narrativa de la trayectoria de Mery The Roadie da cuenta de un modelo periodístico donde el rigor, la estética y la militancia cultural se imponen sobre la falta de recursos económicos. Al transformar la necesidad personal en una trinchera colectiva, su máxima creación, INTERZINE, permanece como un archivo vivo del nuevo underground global