Fractura interna y crisis de liderazgo en el movimiento que lidera Ingrid Betancourt

Ingrid Betancourt enfrenta la desintegración de su partido, Verde Oxígeno, tras renuncias masivas de candidatos que denuncian su liderazgo autoritario. A una década de la paz, la exsecuestrada ha pasado de ser un símbolo de reconciliación a una figura polarizadora.

Ingrid Betancourt

La organización política liderada por la colombo-francesa Ingrid Betancourt enfrenta una desintegración inminente en vísperas de las contiendas legislativas. Lo que inició como una plataforma para víctimas del conflicto se ha transformado en un escenario de deserciones masivas, encabezadas por figuras de peso como Sofía Gaviria. El éxodo de candidatos al Senado ha expuesto una profunda grieta en el partido, donde las renuncias no solo son numéricas, sino que vienen acompañadas de duras acusaciones sobre el manejo de la colectividad.

De símbolo de paz a eje de la controversia política

La trayectoria de Betancourt ha dado un giro drástico en la percepción pública. Tras su liberación en la Operación Jaque en 2008, la exsenadora fue vista durante años como una voz pausada que abogaba por la reconciliación y el respeto a los acuerdos de paz de 2016. Sin embargo, su retorno activo a la arena electoral ha estado marcado por una serie de choques que han diluido esa imagen. Sus antiguos aliados denuncian hoy un estilo de conducción inflexible y alejado de las realidades territoriales del país, señalando que la toma de decisiones se ha vuelto hermética y personalista.

El abandono del centro y la radicalización de posturas

A diferencia de campañas anteriores, donde buscó posicionarse como un puente en la coalición de centro, Betancourt parece haber optado por una línea mucho más confrontativa. Su actual estrategia se aleja de la moderación para alinearse con sectores de la centroderecha, apoyando candidaturas que representan una oposición frontal al gobierno de Gustavo Petro. Esta metamorfosis ideológica, justificada por ella misma bajo la premisa de que su lucha no permite “tibiezas”, ha terminado por dinamitar los consensos internos y provocar la salida de quienes buscaban una agenda programática menos polarizada.

Un aniversario de paz ensombrecido por las disputas

En el décimo aniversario del pacto con las antiguas FARC, la paradoja de Verde Oxígeno es evidente. Mientras el país reflexiona sobre una década de desarme, el partido que resurgió jurídicamente gracias a las cortes se encuentra en su punto más frágil. La pérdida de legitimidad de su fundadora ante sus propios militantes sugiere que el capital político acumulado como víctima del secuestro se ha erosionado frente a los desafíos de la gestión partidaria, dejando al movimiento al borde de la irrelevancia electoral debido a sus constantes pugnas internas.

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