Hallan niveles críticos de metales en comida canina

Un informe del Clean Label Project detectó plomo, mercurio y acrilamida en 35 marcas líderes de croquetas. El hallazgo revela vacíos legales en los controles de calidad y riesgos de toxicidad crónica para las mascotas.

La gravedad del reporte radica en la naturaleza de la dieta canina. Foto: Web.

La seguridad de la industria de alimentos balanceados enfrenta un nuevo cuestionamiento tras la difusión de un informe exhaustivo realizado por el Clean Label Project, una organización sin fines de lucro dedicada a la seguridad alimentaria.

El estudio, que analizó 35 marcas populares de croquetas secas en el mercado norteamericano, reveló la presencia de metales pesados en concentraciones que superan los márgenes de seguridad recomendados para el consumo. El hallazgo de plomo, mercurio y arsénico encendió las alarmas debido al impacto acumulativo que estos elementos tienen en el organismo de los caninos.

De acuerdo con la investigación, el plomo se encontró en niveles que oscilan entre 80 y 900 partes por billón (ppb). Estas cifras sobrepasan los umbrales considerados seguros por estándares de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

El informe subrayó que el 75% de las marcas analizadas falló en al menos un contaminante clave. Por su parte, el mercurio y el cadmio representaron una amenaza adicional, mientras que la acrilamida, un compuesto formado durante procesos de cocción a altas temperaturas, apareció en el 90% de las muestras de alimento para gatos y en gran parte de las de perros.

La gravedad del reporte radica en la naturaleza de la dieta canina. Al consumir estas croquetas como fuente única de nutrición, los animales acumulan los metales pesados en sus tejidos con el tiempo.

Según evidencias toxicológicas, esta exposición prolongada podría derivar en problemas neurológicos, fallas renales o el desarrollo de cáncer. Los expertos consultados coincidieron en que los perros de razas pequeñas y los cachorros enfrentan una mayor vulnerabilidad debido a su reducido tamaño y metabolismo acelerado.

En el plano regional, la situación plantea interrogantes sobre la vigilancia sanitaria. En Argentina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) supervisa las importaciones y la fabricación local, pero no existen topes específicos de cumplimiento obligatorio para plomo o mercurio en piensos animales.

Las autoridades en Estados Unidos, como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), mantienen pautas que en gran medida dependen de la autorregulación de la industria, lo que deja un vacío en la protección del consumidor final.

El debate sobre la transparencia en las fórmulas de los balanceados queda abierto ante estos resultados de laboratorio. ¿Es suficiente la normativa actual para garantizar que el alimento diario no sea una fuente de enfermedad silenciosa?

Mientras las asociaciones de fabricantes defienden que sus productos cumplen con las leyes vigentes, la recomendación veterinaria se inclina hacia la rotación de dietas y la búsqueda de marcas que realicen pruebas independientes de contaminantes.

 

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