Este jueves, el Reino Unido lideró una reunión virtual de emergencia con representantes de más de 40 naciones para abordar la “urgente necesidad” de reabrir el estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán desde el estallido de las hostilidades el pasado 28 de febrero.
La ministra británica de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, fue la voz cantante de un bloque que observa con alarma cómo el precio de los hidrocarburos se dispara, amenazando la estabilidad financiera de Occidente.
Durante la apertura del encuentro, Cooper no escatimó en calificativos contra Teherán, denunciando que “hemos visto a Irán secuestrar una ruta marítima internacional para mantener la economía global como rehén”.
La presión de la Casa Blanca
La cumbre no ocurre en el vacío. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su retórica, exigiendo que las naciones que dependen del crudo de la región asuman una cuota de responsabilidad en la seguridad del paso.
El mandatario fue tajante al condicionar el cese de las operaciones militares a la liberación de la ruta: “Los países del mundo que reciben petróleo a través de Ormuz deben cuidar ese paso”, afirmó, advirtiendo que solo consideraría un alto el fuego cuando el estrecho esté “libre y despejado”.
Esta postura ha generado divisiones en el tablero internacional. Mientras países como Italia, Países Bajos y los Emiratos Árabes Unidos abogan por la creación inmediata de un “corredor humanitario” para fertilizantes y bienes básicos, otras potencias señalan hacia Washington.
China, por ejemplo, aseguró que los ataques de Estados Unidos e Israel son la “causa principal” de este colapso logístico.
Hacia una intervención militar
A pesar de las discrepancias, la maquinaria logística ya está en marcha. Londres ha confirmado que la próxima semana presidirá una reunión de “planificadores militares” para estudiar estrategias que permitan hacer el estrecho “accesible y seguro para la navegación”.
Aunque países como Francia sugieren que la seguridad total “solo podría llevarse a cabo una vez que haya terminado la fase intensa de los bombardeos”, la determinación británica parece firme.
Con un quinto de las exportaciones mundiales de petróleo bloqueadas, la “imprudencia” —en palabras de Cooper— del ejército de Irán ha puesto al mundo en una encrucijada donde la economía y la guerra se vuelven indistinguibles.