El día que el humo de Paul Thomas Anderson “manchó” el desierto de los hermanos Coen

Tras su histórico triunfo en los Premios Oscar 2026 con Una batalla tras otra, recordamos el accidentado rodaje en Texas donde la ambición de Anderson obligó a detener la filmación de No es país para viejos.

Paul Thomas Anderson vive hoy su momento de gloria absoluta. Su reciente consagración en los Oscar 2026 con Una batalla tras otra —cinta que le valió seis estatuillas, incluyendo Mejor Película y Mejor Director— lo ha posicionado en la cima del cine contemporáneo. El film, protagonizado por Leonardo DiCaprio y un Sean Penn que alcanzó el Oscar a Mejor Actor de Reparto (igualando la hazaña que Daniel Day-Lewis logró bajo las órdenes de Anderson), es ya un hito disponible en plataformas como HBO Max.

Sin embargo, para entender la magnitud de este cineasta, hay que retroceder a 2007, al árido pueblo de Marfa, en Texas. Allí, Anderson rodaba una de sus obras maestras: Pozos de ambición (There Will Be Blood). Lo que pocos recuerdan es que, en ese mismo desierto y al mismo tiempo, otros genios, los hermanos Coen, daban vida a la perturbadora No es país para viejos.

Una explosión que cambió el cielo de Texas

El conflicto —cinematográfico y logístico— estalló durante la filmación de una de las secuencias más icónicas del cine del siglo XXI: la explosión de la plataforma de petróleo. Para capturar el realismo de la catástrofe, el equipo de producción de Anderson provocó una detonación controlada en el desierto de Chihuahua. La explosión fue tan potente que generó una densa y gigantesca columna de humo negro que ascendió rápidamente, extendiéndose por kilómetros.

A poca distancia de allí, Javier Bardem y Josh Brolin se preparaban para rodar bajo la meticulosa dirección de los Coen. Sin embargo, el humo negro de la “ambición” de Anderson invadió el encuadre de los hermanos, alterando por completo la luz natural que el director de fotografía Roger Deakins necesitaba para capturar la desolación texana.

El dato: Los hermanos Coen se vieron obligados a detener el rodaje por un día entero, esperando a que el cielo recuperara su claridad tras la incursión “petrolera” de su colega.

Dos obras maestras nacidas del mismo polvo

Por fortuna, el incidente no pasó a mayores. El humo se disipó, la luz regresó a la frontera y ambos rodajes pudieron concluir sin retrasos significativos. El resultado de aquel choque fortuito en Marfa fue histórico: ambas películas terminaron compitiendo en la temporada de premios de aquel año, elevando el estándar del cine norteamericano.

Hoy, con Anderson celebrando el éxito masivo de Una batalla tras otra, aquella anécdota en el desierto queda como un testimonio de una época dorada donde los mejores directores del mundo compartían, literalmente, el mismo aire.

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