El gobierno del Reino Unido reaccionó con celeridad y dureza ante el informe del Pentágono —filtrado por la agencia Reuters— que sugiere que Donald Trump evalúa retirar el apoyo diplomático a Londres en la disputa por las Islas Malvinas. El portavoz del primer ministro Keir Starmer fue el encargado de fijar la postura oficial británica, remarcando que el estatus del archipiélago ya fue decidido por sus habitantes.
El argumento central: El vocero recordó que en el referéndum de 2013, los isleños votaron de forma “abrumadora” a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar.
Soberanía no negociable: Downing Street insistió en que la soberanía “reside en el Reino Unido” y que el derecho a la autodeterminación es primordial.
Mensaje a EE.UU.: El gobierno de Starmer aseguró que esta postura ha sido comunicada de forma “clara y constante” a todas las administraciones estadounidenses.
Esta escalada diplomática se produce en un marco de alta tensión global, donde Trump busca “castigar” a los aliados de la OTAN que no se sumaron activamente a las operaciones militares contra Irán iniciadas en febrero pasado.
El factor Milei y la agenda en Londres
La posibilidad de un giro en la política exterior de la Casa Blanca se ve alimentada por la sintonía ideológica entre Trump y el presidente argentino Javier Milei. De hecho, la relación entre ambos países atraviesa un momento particular:
Invitación a la CPAC: Milei fue invitado para participar en la Conferencia de Acción Política Conservadora que se realizará en Londres en julio.
Visita a Farage: El mandatario argentino tiene intenciones de reunirse con el líder de la ultraderecha británica, Nigel Farage, un aliado clave de Trump en el Reino Unido.
Endurecimiento argentino: Desde la salida de Diana Mondino, la Cancillería argentina (bajo la gestión de Werthein y Quirno) ha adoptado una postura menos dialoguista y más confrontativa respecto al Atlántico Sur.
La postura “personal” de Keir Starmer
Para el actual primer ministro laborista, la cuestión de las Malvinas no es solo una política de Estado, sino que tiene un componente emocional. Starmer ha calificado el tema como “algo personal”, debido a que su tío fue un excombatiente de la guerra de 1982.
Desde que asumió el cargo, ha reiterado en múltiples ocasiones que la soberanía británica sobre las islas no está sobre la mesa de negociaciones, independientemente de las presiones externas o de los cambios de humor en la Casa Blanca.