Lo que pretendía ser una inicio de semestre más tranquilo para llegar a la Copa Sudamericana con el equipo funcionando se convirtió en un caos que los malos resultados de las 4 derrotas consecutivas se convirtieron en una onda expansiva que puso a los separado en el lugar de héroes exiliados detenidos en Alcatraz, al indiscutidos sucesor de Marcelo Gallardo en el peor DT del mundo, a los refuerzos en un mar de dudas y a la dirigencia que arrasó en la elecciones a fin del año pasado en un grupo de paracaidistas inútiles.
Así está el mundo y el fútbol no es la excepción no hay tiempo ni para respirar y seguramente cuando el River de Coudet gane dos partidos y juegue bien nadie se acordará del container, de la juventud de Stefano Di Carlo, del Vietnam de Coudet, de un tal Longoria y de las funciones de Enzo Francescoli. Porque hoy más que nunca el atropello de las cosas y el modo scrolleo para razonar desterró a la ya mal mirada paciencia.
River va a estar como estuvo en este mes post mundial en el centro del cuadrilátero de un ring de boxeo. Será un agosto con una intensidad agobiante.
Lo cierto es que la realidad manda y tanto la dirigencia, como los jugadores y el cuerpo técnico están muy conscientes en las aguas que navegan. La decisión del silencio post partidos, la reuniones de Nicolás Otamendi el nuevo líder del grupo con el plantel y con el cuerpo técnico, la aceleración del mercado de pases de salidas y altas y la idea de pasar más tiempo concentrados, fueron las primeras acciones en busca de tomar el timón y dominar las bravas mareas de esta odisea de regreso a la calma y a los necesario títulos.
Las dos semanas próxima cuando ya estén los resultados puesto, en especial en el cruce de octavos de la Sudamericana ante Independiente Santa Fé donde Coudet sabe que no tiene revancha ni segundas oportunidades, se sabrá si todo este caos y locura pasan a ser una anécdota que se va a olvidar o si se hace exponencial en sus efectos por la falta de triunfos. Serán dos semanas claves desde el sábado cuando juegue con Tigre hasta el 19 cuando cierre el ida y vuelta ante el equipo colombiano en el Monumental.
En estos momentos en el club las tres patas del asunto, jugadores, dirigencia y cuerpo técnico, están abrazados a la certeza que todo va a cambiar y que el equipo va a terminar el 2026 festejando y encaminado el rumbo. La cuarta pata de la mesa, la de los hinchas y los socios, mira de reojo, se enoja, cuestiona, maneja la ansiedad como puede y espera que todo vuelva a una normalidad que no los acompaña desde hace unos cuantos años.