Tiempos oscuros y de negacionismo
Lucía no está sola en esa discusión. La Corte Suprema también está definiendo si mantiene la figura de femicidio de Julieta González, asesinada en Mendoza en 2016: la defensa del condenado alega que no eran pareja formal. A Dana Pontoriero, a quien su ex le gatilló en la cabeza, la Casación nacional le bajó la pena al agresor porque la relación no tenía “el grado de estabilidad” necesario y a Lucia se lo quitaron porque según los jueces “no tenían la intención de matarla”. A una le falta la intención; a otra, la formalidad; y la otra, la estabilidad. En ninguno de los casos niegan la violencia: lo que se discute es el tipo de violencia, “Es el odio al género, la misoginia. Eso es lo que se está castigando”. Si caen Julieta y Lucía, advierte, “olvidate de los otros casos”.
Pero Marta no habla desde la derrota. Sabe que el momento es hostil, que hay un gobierno al que llama “negacionista”, y aun así repite que nada de eso les tiene que bajar los brazos. Su confianza está en lo que ya se conquistó y no se borra con un fallo: la unión de las mujeres, la de las víctimas, la de las familias que aprendieron a moverse juntas. También en las leyes y en los tratados que la Argentina firmó, como la Convención de Belém do Pará y la CEDAW, que tiene jerarquía constitucional y obliga al Estado más allá de cualquier gobierno. “¿Cómo hacemos si a nuestras hijas, a nuestras hermanas, a nuestras compañeras ya no las tenemos? ¿Nos quedamos sentadas a que sigan pasando?”, pregunta, y ella misma se contesta: “De ninguna manera“.
Hoy, jueves 8, desde las 10am, la familia se concentra frente a Tribunales. El mural con los ojos de Lucía ya está pintado. Marta invita a mujeres, varones y chicos: “El lugar donde tenemos que ir a sentarnos y a mirarles la cara es ese, porque ahí son los jueces los que deciden por la vida de nuestros hijos”.
Y haciendo nuestras sus palabras, como dijo Marta después de la primera resolución de los jueces en 2018, ‘esto no termina acá, acá vamos a seguir’. Será Justicia.