“Estoy muy nervioso, pensé que no iba a poder”: Pity Álvarez rompió el silencio en el juicio

El músico prestó declaración por primera vez durante la audiencia número 17. Llegó en ambulancia desde la clínica psiquiátrica donde está internado e intentó reconstruir el origen de su conflicto con la víctima, a quien acusó de estar armado. Previamente, el “cura rockero” detalló el profundo deterioro de salud del cantante.

El exlíder de Viejas Locas e Intoxicados, Cristian “Pity” Álvarez, declaró este lunes por primera vez en el marco del juicio oral en su contra por el homicidio de Cristian “El Gringo” Díaz. Tras permanecer internado de manera involuntaria en una clínica psiquiátrica de Castelar desde el 2 de octubre, el músico fue trasladado en ambulancia hasta la sede judicial de la calle Paraguay al 1500. Ingresó al recinto luciendo una boa de piel marrón, anteojos de sol y una remera con la consigna “La gente manda”.

Al sentarse frente a los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 29, Álvarez probó el micrófono y, visiblemente afectado, se sinceró antes de comenzar su relato: “Estoy muy nervioso, me cayeron muchas fichas. Pensé que no iba a poder declarar”. Aunque el tribunal le ofreció que sus defensores guiaran la indagatoria mediante preguntas, el artista prefirió exponer su versión de los hechos por cuenta propia.

La reconstrucción del conflicto y el viaje a la 1-11-14

Durante su testimonio, que se extendió por más de una hora e incluyó varios cuartos intermedios para tomar café o salir a vapear, el músico retrocedió en el tiempo para explicar el origen de su disputa con Díaz. Según Álvarez, la víctima trabajaba ocasionalmente como remisero trasladando a personas a comprar drogas a la Villa 1-11-14.

El imputado relató que, en una oportunidad, le pidió a Díaz que lo llevara a dicho asentamiento. “Me mostró que tenía una pistola y le dije: ‘Vamos’”, aseguró Álvarez. El músico llevaba consigo una mochila con dinero, celulares y las llaves de su departamento. Al bajar a hacer una diligencia que, según calculó, no demoró más de cinco minutos, descubrió que Díaz se había ido.

Tras regresar caminando unas 25 cuadras hasta el barrio Samoré, Álvarez encontró a un grupo de conocidos de la víctima, quienes le devolvieron la mochila indicando que “El Gringo” se había tenido que ir. Al revisarla, el cantante notó que faltaba la mitad del dinero, aunque conservaba sus dispositivos electrónicos y las llaves. “Les dije a los pibes: ‘Díganle al Gringo que de esto vamos a hablar, que esto no va a quedar así’. Nunca dije: ‘Le voy a pegar un tiro’”, se defendió ante los magistrados.

Paranoia y el testimonio del “cura rockero”

El relato del músico estuvo atravesado por constantes referencias a su estado de salud mental en la época del crimen. Álvarez confesó que sufría de delirios de persecución en su departamento del monoblock, lo que lo llevó a instalar un sensor de movimiento en su puerta. “Me ponía paranoico si sabía que había alguien en la puerta de mi casa”, admitió frente al tribunal, interrumpiendo su propia declaración en varias ocasiones al perder el hilo conductor de sus recuerdos.

Previo a la indagatoria del acusado, la jornada judicial contó con el testimonio del padre César Scicchitano Tagle, conocido popularmente como el “cura rockero”. El sacerdote, cercano al cantante, ofreció un crudo diagnóstico sobre el deterioro físico y cognitivo que padecía Álvarez producto del consumo problemático de estupefacientes.

Scicchitano Tagle ilustró esta degradación relatando episodios extremos: contó que una vez el músico se roció la garganta con el lubricante mecánico WD-40 para tratar una afonía, y que en otra ocasión permitió que su casa se llenara de cucarachas porque se negaba a matarlas. Finalmente, el sacerdote reveló un dato clave para la causa al confirmar que había visto un arma de fuego en el domicilio del cantante, quien le había justificado su tenencia argumentando que la necesitaba para sentirse protegido.

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